Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 2 Marzo, 2011


Los que no fuimos al estadio Carlos Ugalde a presenciar el juego entre San Carlos y Alajuelense y miramos el partido por la televisión, vimos la acción que ha levantado polémica y roncha entre el director técnico del equipo, Oscar “Machillo” Ramírez y el jugador brasileño del club, Marcelo Sarvas.
VIMOS, no oímos.

Lo que VIMOS retrata claramente una acción de irrespeto de parte del futbolista al entrenador del equipo. A su superior.
Se VIO, con espacio, en cámara lenta y con lujo de detalles la forma en que el jugador le lanza a su entrenador un poco o mucha agua (no interesa la cantidad), estando el técnico de espaldas. Segundos antes, pareció, repito, pareció, (porque quienes VEIAMOS por televisión no escuchamos nada), que Ramírez, increpó, regañó o le llamó la atención a su jugador, por algo.
Lo más curioso o lo que llama poderosamente la atención, es que esta acción tan publicitada y comentada entre técnico y jugador, se dio inmediatamente después de que el Alajuelense metió el segundo gol del partido, que a la postre le dio la victoria.
¿Era este un buen momento para que el entrenador regañara a uno de sus jugadores?
Normalmente, en los breves recesos que se dan cuando un equipo anota, en la banca de este equipo hay gritos, abrazos y palmaditas en las nalgas a los jugadores que están en la cancha para motivarlos.
Los regaños, las recriminaciones, los diálogos de protesta se dan en el banco que recibió la anotación.
Todos VIMOS cómo Sarvas le arroja agua a Ramírez, pero no ESCUCHAMOS qué sucedió en ese instante; qué se dijeron, qué se gritaron, si es que se gritaron.
De parte del jugador de la Liga, una vez que envió el chapuzón, no se le notó ningún gesto de protesta. Tiró el agua y fue a retomar su puesto.
El “Machillo” hizo cara de loco, como sorprendido del repentino aguacero que cayó a su espalda y caminó tranquilo hacia el banco. Ninguno de sus asistentes, Lalo Chavarría, Mauricio Montero o el médico Gómez enseñó gestos de desaprobación a lo actuado por el futbolista.
Entonces, por lo que VIMOS en la TV y lo que VIERON los presentes en el estadio, estamos ante un hecho reprobable, pero queda totalmente abierta la posibilidad de que lo expresado por toda la familia alajuelense, de que se trató de una broma; de una cosa interna y común entre ellos; de que el asunto no pasó a más, es también una tesis defendible.

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