Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 14 Diciembre, 2010


Orlando de León está como estratega y director técnico frente al partido de fútbol más importante de su vida.
Ya se dio cuenta en el Rosabal Cordero que su colega Oscar Ramírez, no es que respeta el fútbol de Froylan Ledezma y Víctor Núñez, sino que les tiene pavor.
El sistema táctico defensivo tan ordenado de los manudos, con dos líneas que se desdoblaron y se cuidaron las espaldas casi en forma perfecta, fue planificado por el entrenador alajuelense como forma de poder detener y limitar no con marca personal, sino con un bloque defensivo, la potencia del Cachorro y la habilidad y olfato goleador del Mambo.
Durante el encuentro, pudimos observar cómo alguno o todos los defensores de la Liga, Salvatierra, Marín, Acosta, Meneses, Valle, fallaron o fueron sobrepasados ocasionalmente en acciones individuales por el ataque rojiamarillo, pero siempre se presentó la cobertura correcta y adecuada para que los arietes locales no quedaran cara a cara y con ventaja ante Patrick Pemberton.
Aunque sea normal tomar precauciones defensivas cuando se juega de visita, máxime en una final de campeonato, el juego de ida enseñó que el cuerpo técnico de la Liga, sobrestima el poder del binomio de ataque del Herediano y este detalle táctico, que observó también De León, deberá servirle de punta de lanza para planificar el partido de vuelta.
Ayer lunes, muchos seguidores del Alajuelense se mostraron conformes con el empate en blanco, que es un buen resultado en estas instancias, pero sus rostros no mostraban alegría. Las excesivas precauciones defensivas que a lo largo de la temporada ha ordenado el Machillo Ramírez, no llenan el paladar de los aficionados rojinegros.
¡Dios guarde este equipo con Badú!, escuchamos decir a Marvin Mora, jefe del Departamento de Libros de la Librería Universal y ferviente seguidor erizo.
Con esa nómina de la Liga, Badú gana todos los partidos 6 a 2 ó 6 a 3, afirmaban otros fanáticos del Alajuelense.
A pesar de esta euforia, se debe respetar el trabajo de Oscar Ramírez; cada entrenador maneja su propio librillo y el del Macho, durante el desarrollo de la campaña, ha sido inculcar equilibrio en las líneas del equipo, posesión de balón y anular la ansiedad, propia de una planilla joven.
Está a 90 minutos de la corona; si la amarra, seguramente que silenciará a sus críticos.

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