Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 17 Febrero, 2016

 Los que no votaron no tienen derecho de quejarse del Gobierno nuevo en su cantón

No importa el abstencionismo

El pasado 7 de febrero, aproximadamente dos terceras partes del electorado no aparecieron en las mesas de votación para hacer uso del sufragio. El Tribunal Supremo de Elecciones, TSE, invirtió en una campaña multimedia para tratar de educar a los ciudadanos sobre la importancia de este proceso electoral; es mejor no pensar en la pequeñísima proporción que hubiera votado si ese órgano del Gobierno no hubiera hecho el esfuerzo.
¿Por qué fueron tantos los que no votaron? Lo más probable es que no percibieron los ausentes que los gobiernos cantonales impactan en su vida; por más que algunos partidos y candidatos quisieron presentar programas interesantes para los votantes, no lograron convencer.


Los que no votaron tomaron la decisión de no hacerlo libremente. Las mesas estuvieron abiertas 12 horas y solo era necesario aparecer con cédula en mano en el lugar correspondiente y era posible votar. No había amenazas, ni costos, ni esperas.
¿En qué se ocuparon ese domingo los no votantes? ¿Ir a servicios religiosos? ¿Ver televisión? ¿”Marcar”? ¿Hacer compras en el mall más cercano? Seguramente hubo algunos que tuvieron que trabajar todo el día y por la naturaleza de su empleo o su ubicación no les fue posible votar —médicos, enfermeras, pilotos, empleados de aerolíneas, bomberos, policías, choferes de autobús, meseros, cocineros, amas de llave, y tantos más. Pero la gran mayoría pudo haber votado con muy poco esfuerzo y no lo hizo permitiendo a muchos candidatos a puestos de elección popular, ganar con una cantidad de votos paupérrima.
Es posible que una buena porción de los no votantes en las cantonales fueron “milenios”, jóvenes menores de 35 años que pasan en sus aparatos inteligentes cuatro o cinco horas diarias. Usualmente estos no están texteando con sus amistades sobre la política y su gobierno cantonal. Mucho más interesante para ellos es la película nueva de La Guerra de las Galaxias o “la fiesta con DJ de la noche anterior” o el nuevo juego en el Xbox. Una porción de estos está compuesta por los “ni-ni” que ni trabajan ni estudian.
¡Quizás es mejor que no voten porque quién sabe con base en qué cosa tomarían su decisión! Y si no quieren llegar a las urnas en 2018, también está bien.
Más importante para los propósitos de este país, ¿si hubiera votado todo el electorado en las cantonales del 7 de febrero, habrían sido diferentes los resultados? La verdad es que ¡¡nunca se sabrá!!
No obstante esa votación baja, poseen estos elegidos recientemente un mandato. Los que no votaron no tienen derecho de quejarse del gobierno nuevo en su cantón.
Hay países, por ejemplo, Brasil, Argentina, donde es obligatorio votar. El acto de votar pasa de ser un privilegio a una obligación del ciudadano y la participación en las elecciones es sumamente elevada. La salud de las democracias brasileñas y argentinas ¿es más robusta que la costarricense? No lo creo.
Los que hicieron tan gran esfuerzo el 7 de febrero merecen un agradecimiento de todos.

Carlos Denton

 

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