Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 20 Junio, 2018

Pizarrón

No perdamos tiempo ni oportunidades

Cuando Donald Trump empezó a cuestionar el Tratado comercial de Norteamérica, el de Estados Unidos, México y Canadá, marcó la directriz de que su preocupación sería la de proteger la relación de intercambio comercial gringa, de manera que no le fuera deficitaria.

Con México y con la República Popular China, especialmente, tiene una balanza comercial desfavorable, lo que quiere decir que estos países exportan más bienes a Estados Unidos que lo que importan de Estados Unidos en esa relación comercial. Con Canadá es algo parecido, de allí su interés de renegociar el Tratado de Libre Comercio con estos países, el NAFTA, por sus siglas en inglés.

Pero, es esperable, y era natural también, que si Trump tomaría medidas contra esos países en el plano comercial gravando o desgravando productos y bienes, estos países igualmente lo hicieran respecto a los productos que de Estados Unidos importan hacia ellos. Esto acaba de evidenciarse más cuando Estados Unidos gravó productos chinos por $50.000 millones y los chinos le respondieron, de igual manera, gravando productos por una cifra similar.

En el caso de Centroamérica y República Dominicana, en el Tratado que se firmó con Estados Unidos, TLC-CA-RD, el TLC para nosotros, no hay mayor preocupación de que Estados Unidos quiera renegociar o eliminar dicho Tratado, porque en este la relación comercial tiene amplio superávit para los gringos.

Parte de sus políticas comerciales, en este sentido, que impulsa Donald Trump, afectan y amenazan también las relaciones con los países europeos.

Sin lugar a dudas, esto es parte de su estrategia interna, de favorecer aquellos sectores productivos y comerciales norteamericanos, especialmente del interior del país, que no solo le dieron apoyo para las elecciones, en que ganó, sino que los está asegurando para la próxima campaña electoral, en la que ya está metido, recogiendo fondos, y recorriendo diferentes regiones de Estados Unidos.

Del mismo modo, algunas de estas medidas que impulsa Trump tienen, en el interior de Estados Unidos, algunos efectos positivos en los estados que controlan política y electoralmente los demócratas, con lo cual Trump seguramente está tratando también de influir en ese electorado hacia su campaña reeleccionista. Nadie puede asegurar hoy que Trump no pueda volver a ganar. En esto ha sido consecuente y pareciera que es parte de su estrategia para la próxima campaña electoral, a la que se le atraviesa ya la elección de la mitad de los diputados y senadores, donde podría tener reveses electorales.

En la guerra comercial que ha gestado Trump, entre Estados Unidos, México y Canadá, donde estos países están imponiéndose mutuamente impuestos de importación a diversos productos, se presenta, en mi opinión, una interesante oportunidad para Costa Rica, si se sabe aprovechar.

Costa Rica tiene tratados de libre comercio con los tres países, incluso con Canadá y México mucho anteriores al que se firmó luego colectivamente, con los países centroamericanos y República Dominicana, con Estados Unidos.

Hay que recordar que este Tratado, que tiene unidad en su aprobación, fue gestionado por cada país centroamericano de manera separada con Estados Unidos. Por ello República Dominicana lo firmó adhiriéndose a él pocos meses después que lo habían hecho los países centroamericanos, y los otros países centroamericanos lo fueron firmando antes que Costa Rica, que tuvo que someterlo al Referéndum de 2007.

En este contexto lo que deberíamos buscar, como país, por medio de las instancias de gobierno y de las que organizan al sector productivo privado, en estos aspectos, es lograr aprovechar al máximo posible estas contradicciones de Estados Unidos con México y Canadá, para procurar ganar mayores y mejores espacios, como una de las alternativas, para exportar productos que México o Canadá importan de Estados Unidos, que estarán sujetos a impuestos de importación, y lo mismo para los productos que EE.UU. importa de estos países, ahora también con impuestos de importación, que no nos afectan a nosotros en la relación comercial con esos países por los tratados que tenemos firmados con ellos.

Por este motivo los productos mexicanos se venderán más caros en Estados Unidos y los de Estados Unidos más caros en México, pero los productos costarricenses podrán entrar a estos mercados sin aranceles gracias a los tratados bilaterales que tenemos con cada uno de estos países. Así, Costa Rica, podría reemplazar algunos de esos productos que estaban siendo importados y exportados a los tres países desde o hacia Estados Unidos y que ahora estarán sujetos a aranceles en los tres países, por su origen, pero que la oferta exportable costarricense seguirá estando relativamente libre de los mismos por los tratados de libre comercio que Costa Rica tiene con cada uno de ellos.

El mejor ejemplo es la carne de cerdo que Estados Unidos exporta a México. A raíz de las diferencias comerciales, México puso un impuesto de importación del 20% a la carne de cerdo de EE.UU. Costa Rica podría organizarse sectorialmente para abastecer a México de esa carne de cerdo.

Hace algunos años cuando se firmó el Tratado Comercial con Canadá el sector porcicultor costarricense salió afectado en ese aspecto, y los porcicultores orientaron, en aquel momento, su producción a los cortes finos. Hoy, frente a la eventual caída de carne de cerdo de Estados Unidos en México podríamos empezar a impulsar políticas comerciales, y acercamientos políticos y comerciales en este sentido, que puedan potenciar esta producción nacional hacia México.

En esta situación se requiere un liderazgo sectorial del Ministerio de Comercio Exterior, del Ministerio de Agricultura, del Ministerio de Economía, Industria y Comercio y de Procomer, junto con las cámaras empresariales y productivas respectivas.

Se deben empezar a evaluar las oportunidades que la disputa entre EE.UU., México y Canadá, y la inminente cancelación de NAFTA, crea para Costa Rica, para tratar de convertirnos en un motor para la oferta exportable costarricense a estos países.

México ha impuesto aranceles a varios productos agropecuarios de Estados Unidos, en respuesta a los aranceles al acero y aluminio que estableció Estados Unidos. Las papas, el queso, las manzanas, arándanos fueron productos afectados. Solo en el campo del consumo de carne de cerdo México liberó de aranceles hasta por 350.000 toneladas la carne que proceda de países que no sean Estados Unidos. ¿Qué estamos haciendo en este sentido? Si no hay una política agresiva nacional, estamos perdiendo tiempo y oportunidades. Solo de Estados Unidos en los últimos diez años México ha importado casi el 90% de toda su carne de cerdo.

Si no nos interesa Trump, por sus amenazas comerciales y racistas, en el gobierno de Estados Unidos, debilitarle el flanco de la producción de cerdo, por poner un solo ejemplo, es debilitarles la producción a los granjeros porcicultores del Estado de Iowa, una de las bases electorales de Trump, y es contribuir indirectamente a la posibilidad de su derrota en las próximas elecciones norteamericanas.

Pero, sobre todo, lo que nos debe interesar, es sacar la ventaja de este conflicto, de esta contradicción comercial planteada por Estados Unidos, y acercarnos más, especialmente, al mercado mexicano. ¿Qué estamos esperando?

Esta situación, del pleito comercial, Donald Trump la tensó, en el campo político migratorio, en el caso del NAFTA, con su idea de desarrollar el muro, que ya se había construido en un buen trecho bajo el gobierno de Barack Obama, en toda la frontera mexicana, además de los desplantes lingüísticos denigrantes, peyorativos y racistas contra los mexicanos, y con ellos hacia los latinos. 

En este aspecto migratorio ha presionado, desde el Poder Ejecutivo norteamericano, en las instituciones internas que puede hacerlo, especialmente en el campo migratorio, y con las policías encargadas, de presionar sobre los trabajadores inmigrantes en Estados Unidos, y con aquellos que se encuentran en una situación de irregularidad migratoria, sin importarle si llevan muchos años viviendo y trabajando en Estados Unidos, y si tienen descendencia que ya es norteamericana por haber nacido allí, o si están amparados en leyes que hicieron gobiernos anteriores.

Esta contradicción política también puede verse a favor de países como el nuestro, en la posibilidad de meternos más agresivamente en el mercado, al menos, mexicano.