Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 13 Agosto, 2010


Los primeros cien días


Creo que fue en los tiempos de Kennedy que los periodistas iniciaron algo que ya se ha convertido en costumbre y es que, cuando un nuevo gobierno cumple los primeros cien días, se le somete a una primera evaluación. El objetivo no es solo tomarle el pulso a la opinión pública, pues esto se hace todo el tiempo, sino además calibrar el estilo de gobierno de las nuevas autoridades, sus prioridades reales y su (in)capacidad de gobernar demostrada en hechos concretos.
Todo eso se supone que permite avizorar lo que será el cuatrienio que acaba de comenzar. Sin embargo, lo anterior no debe tomarse como un criterio de verdad absoluto, ya que la política es el reino de las sorpresas, máxime en tiempos de crisis como los actuales.
Por eso, más que mirar hacia el futuro escudriñando viendo en estos primeros cien días lo que se supone habrán de ser las líneas maestras de lo que habrá de seguir, debemos ver lo que nos rodea, el momento que actualmente vive el país en el campo político.
Para ello pienso que se debe comenzar por preguntarse quién es Laura Chinchilla o, más exactamente, por qué está en Zapote y quién la puso allí. A estos interrogantes que revisten gran importancia para el pueblo costarricense, la respuesta obvia es que la eligieron quienes votaron por ella que, en su gran mayoría, se consideran liberacionistas. Por lo que preguntarse lo que hoy es ese partido es, en buena medida, encontrar la clave para explicarnos por qué Laura toma tales o cuales decisiones. El Partido Liberación, como toda organización política en este momento de su segundo gobierno sucesivo del siglo XXI es, por un lado su fracción parlamentaria y, por el otro, su estructura partidaria. Ambas expresiones de esa agrupación están muy activas. La fracción parlamentaria es la dramática expresión de lo que sucedió en las últimas elecciones, en donde el Partido Liberación sufrió un significativo descenso en su caudal electoral, si bien sigue siendo la fuerza política más numerosa y mejor organizada del país a nivel nacional.
En ese sentido siempre he dicho que lo más significativo, políticamente hablando, del nombre de ese partido, no es el sustantivo LIBERACION (¿de qué o de quién?) sino el adjetivo NACIONAL pues, al igual de lo que sucede con el PRI en México o el justicialismo en Argentina, es la única organización política con presencia real en cada metro cuadrado de la geografía del país. Esa es su fuerza. Pero ahora ha debido contentarse con ser un gobierno de minoría. Por lo que ha debido aliarse con la extrema derecha (libertarios) renegando con ello de sus raíces socialdemócratas, cosa que vienen haciendo de tiempo atrás, pero de manera más flagrante, sobre todo, desde el anterior gobierno de los hermanos Arias.
La otra expresión orgánica de ese partido es su actividad electoral, que en estos momentos y durante el resto del año, se concentra en las elecciones de diciembre para escoger alcaldes.
Pero también Liberación tuvo otra actividad al interior de su organización, cual fue la elección de sus órganos de dirección, en la que se desencadenó una fuerte turbulencia. Al igual y, quizás, con mayores repercusiones, pues allí se hicieron manifiestas grandes grietas, lo que debía ser una reunión más ritual y formal, por poco termina en un zafarrancho que podría anunciar lo que será la escogencia del que habrá de ser el candidato para las próximas elecciones.
En conclusión, mi lectura de estos cien días es que los titubeos y errores cometidos por Laura y su equipo de gobierno, son en buena medida, expresión de lo que es actualmente Liberación, que acusa carencia de liderazgo, porque la derechización de ese partido es una aberración; es la negación, no solo del Liberación histórico como no se cansa de señalar Alberto Cañas, sino la expresión de una incipiente pero firme resistencia del pueblo costarricense que, en cualquier momento podría adquirir otras formas de manifestarse.

Arnoldo Mora