La gran pregunta
Costa Rica está en un punto de inflexión. El próximo gobierno o saca al país de ese lodazal o termina de hundirlo en...
Costa Rica está en un punto de inflexión. El próximo gobierno o saca al país de ese lodazal o termina de hundirlo en la desesperanza y la impotencia
¿Por quién voto? Días atrás compartí con ustedes unas líneas en las que hacía referencia a las dudas que tiene el costarricense de por quién votar. Les comenté que en espacios públicos y privados los que piensan que sé algo de política recurrentemente me piden consejo para orientar su voto, a ellos les contesto: “No se aflija, aún quedan dos meses para esa decisión, madúrelo, piénselo y el 2 de febrero decide.
Usted no está solo, somos muchos los que estamos con las mismas dudas”. A lo mejor se van con más dudas, pues de mí esperaban un nombre, un empujón.
He de decir que admiro a estos costarricenses por esa preocupación que los describe en su compromiso ciudadano, quieren informarse dentro de la depresión y la desilusión que sienten porque siguen creyendo en la democracia electoral. Ellos tienen una gran preocupación por ese sistema que ha funcionado por décadas, que les llenaba de orgullo y que hoy genera más dudas que resultados. Les admiro porque en el fondo están preocupados, porque quieren votar y sienten que es su responsabilidad, su deber, al que se acostumbraron, pero les aflige que se acerca la fecha de su decisión y aún tienen zozobras para su elección, porque el abstencionismo les coquetea.
Les diría a quienes me leen que son tres los elementos fundamentales que deben evaluarse para ejercer un voto responsable: Uno, analizar y madurar cada una de las opciones.
Dos, no votar por la costumbre sino por lo mejor, que no es cambiar por cambiar, sino para mejorar. Y tercero, escuchar, escuchar y de nuevo escuchar.
El país fue metido en un lodazal, del cual parece que nadie puede sacarle y las opciones que se presentan para ejercer el derecho de voto no son del todo las más emotivas, ni las que más movilizan, pero no todo está perdido, tenemos un gran “back-up” democrático que nos debe esperanzar.
Eso sí, Costa Rica está en un punto de inflexión, el próximo gobierno o saca al país de ese lodazal o termina de hundirlo en la desesperanza y la impotencia.
Esto obliga a saber que proponen los candidatos y si tienen posibilidades de conformar un equipo de gobierno que ponga a caminar de nuevo al país. No podemos votar por un candidato que sea un “pizote solo”, ellos deben mostrar que están acompañados por figuras capaces de hacer una tarea conjunta por el país, que tiene ideas y la fuerza para implementarlas, deben enseñarnos algunas “cartas” para sus gabinetes.
Un arquitecto político con visión de futuro es lo que requerimos. Un estadista es un arquitecto del futuro de su nación, es un artista que comprende que el amor por las generaciones futuras se implementa en las prácticas de hoy. Alguna vez oí decir a Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, que la época de las ideologías había pasado, igual que el de la avaricia material, que en política venía la época del amor.
Eran los años 90 y parece que aún no llega esa época. El político que cree en el amor al prójimo como parte de su ejercicio, de su práctica, seguramente cumple con la descripción que hacía el mismo Octavio Paz cuando escribía que: “El amor es intensidad y por esto es una distensión del tiempo: estira los minutos y los alarga como siglos”.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo