La dama de la victoria
Ingrid Morales no quiso ser una más, quiso ser la mejor, y en el voleibol de playa nacional logró su objetivo. Marco Monge/La República
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La dama de la victoria

En los últimos 19 años, a Ingrid Morales le sobran los dedos de las manos para contabilizar sus pocas derrotas

Si bien creció en una barrio marginal, Ingrid Morales se hizo mujer creyendo que el límite no es el cielo, sino más allá; que el éxito no solo se sueña, sino que se le arrebata al destino y que ella nació para ganar, o caer intentándolo.
Una frase, la mejor en esta entrevista, la define “soy una persona feliz, de joven sentí que era especial; no sabía qué iba a hacer en la vida, no tenía los medios económicos, vivía en Garabito de León XIII, pero sentí que estaba en este mundo para ser una persona diferente, de lo que me presentaba en aquel entonces el destino”.
Hoy, a sus 37 años de edad y después de practicar el voleibol, primero de salón y después de playa, durante los últimos 18 años, Ingrid tiene un sello de invencibilidad en el voleibol de playa nacional.
Primero jugó voleibol de salón con Zapote, diez años consecutivos campeonas y solo recuerda dos derrotas. Luego vino el voleibol de playa, que ha practicado durante los últimos nueve años al lado de su inseparable y talentosa pareja, Natalia Alfaro, solo han sufrido tres derrotas; su primera semifinal en 2005 y dos partidos en 2006, y desde entonces invictas.
Con inteligencia y justicia, esta mujer ha sabido organizar su vida para ser esposa, madre y deportista de alto rendimiento.
“El secreto es desarrollar la disciplina y aprender a trabajar en equipo; no solo en el deporte, sino en tu vida misma”, nos cuenta y agrega que en su hogar todo se hace en equipo, junto a su esposo José Velluti y su hijo Nicolás.
Ingrid, que escogió un deporte que no se caracteriza por hacer ricos a sus protagonistas, cuenta que tomó la decisión de ser profesional y elite, sin contar con dinero, pero entrenó muy fuerte y se puso una “tiendita” de ropa de voleibol para costearse sus gastos hasta que la empresa Ferretería Brenes, valoró su esfuerzo y resultados y decidió patrocinarlas (a ella y Natalia).
“También en eso fue cuando se dieron las becas del ICODER, en la época de Osvaldo Pandolfo, que nos dio un empujón grandísimo”, sumada a otras ayudas que han recibido desde entonces, como las del Comité Olímpico Nacional (CON).
“Eso te da la tranquilidad de que podés ir a entrenar tranquila, sabiendo que en tu casa no va a faltar nada, mientras estás en el trabajo más lindo del mundo: el voleibol”.
Como madre, cuenta que lo más difícil fue dejar a su hijo, al que todavía daba pecho, para ir a una Copa Centroamericana en El Salvador “él lloraba acá y yo lloraba allá” y cuenta que fue muy duro, pero igual, fiel a sus convicciones afirma que “si bien los hijos es lo más bello que podés tener, uno como ser humano también tiene que proyectarse” y agrega que en eso su esposo ha sido una ayuda invaluable.
Ahora Ingrid da testimonio de que “sí se puede, ser exitosa”, mientras dice que otro de sus secretos es no sentir que ya tocaron techo, seguir superándose para crecer a nivel internacional, donde ya destacan en los Norceca, en invertir el dinero que reciben en su propio mejoramiento.
“Cuando vamos a torneos internacionales nos gusta investigar cómo trabajan los equipos que nos ganan”.
Morales sabe que el final de su carrera se acerca, pero está preparando su salida generacional y ya está preparando a las que, junto con Natalia, deben llevar por el camino del éxito su legado y su reinado.

Luis Rojas
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