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Jueces nada caballeros


Daniel Chacón
La República

El comportamiento de los árbitros fue la nota gris de la brillante noche de motociclismo.
Eso sí, rescatar y excluir del problema al costarricense Javier Quirós y al panameño, Rudy Waller que formaron parte del cuerpo arbitral.
Los criterios de Mike “Mad” Jones y Clifford Adoptante casi opacan el esfuerzo de los corredores, hubo un sentimiento de engaño, al cual ya todos estaban acostumbrados en otros deportes y llegó hasta el Freestyle.
Cuatro pilotos llegaron a la final, a Robbie Madison le dieron 94 puntos, a Eigo Sato 94,5 puntos. Acá vino la silbatina, la diferencia entre Sato y Madison fue abismal a favor del nipón. De tercero vino Danny Torres, y los jueces dejaron de hacer pública la puntuación, primer grave error.
Al concluir el espectáculo, la gente les silbó a los jueces, Adoptante respondió con una señal incorrecta contra ellos y luego hizo ver que él es el que sabe de Freestyle, no la gente.
El mismo Torres aceptó que Sato debió ganar por la variedad de trucos y su técnica de ejecución. El español no hizo nada malo, solo fue favorecido por los serios errores que se cometieron en la mesa.
“Yo apenas me vengo recuperando de una operación, el nivel de competencia fue el mismo y yo hice casi lo mismo. Yo soy el más sorprendido de haber ganado, para mí la actuación de Sato fue la mejor”, respondió Torres.
El juez Ruddy Waller respondió que en ocasiones el criterio de los jueces y el del público es diferente y que el evento se complicó porque los pilotos realmente ejecutaron rutinas complejas en la final. Waller defiende a Torres como campeón, aunque su expresión corporal denotaba angustia por el epílogo.
El menos preocupado con la situación fue el mismo Sato. Feliz por el resultado, alegre por la simpatía y apoyo del público, él contestaba que disfrutó del evento y con eso ganó.
Tampoco olvidar los problemas para el público a la hora del ingreso al espectáculo, ya que muchos niños y personas mayores sufrieron la peor experiencia por la desorganización; fue un ingreso descontrolado, no se marcaron líneas para definir espacios y el que más empujaba se dejaba el campo. En un espectáculo de primer nivel como este, la organización dejó mucho que desear.


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