"G.I.Joe" reclama a gritos secuelas
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“G.I.Joe” reclama a gritos secuelas
“G.I.Joe: Rise of Cobra” o cómo convertir con dignidad un juguete en película, llega hoy a los cines ticos

Nacieron como juguetes, se reconvirtieron en serie de animación y en cómic, pero ahora ha llegado la puesta de largo definitiva para los “G.I.Joe”, el ejército más hábil de Estados Unidos al que no le falta galones para arrasar en los cines de todo el mundo este fin de semana.
En un año en el que la acción ha pecado de ser demasiado sofisticada y ambiciosa, con “Watchmen” como mayor representante, “G.I.Joe” se une a “Transformers” en la humilde vuelta del cine de ambición meramente lúdica, tomando como base esos juguetes que, desde los años sesenta hasta la actualidad, han vendido millones y millones de ejemplares.

Como la saga de Michael Bay, esta película parte con la intención de traducir cada muñeco en una entrada de cine y la Paramount ha reunido los elementos ganadores: el entretenimiento es (casi hasta el final) indiscutible, el despliegue de medios se respira en cada fotograma y, sobre todo, consigue convertir el cine en una auténtica ludoteca.
No obstante, la recuperación de este equipo de soldados de elite —cuyas misiones todavía tienen el melancólico regusto a Guerra Fría-— se extenderá también al videojuego, uno de los formatos que mejor sobrellevan la crisis económica y de propiedad intelectual y que un perfecto patio de recreo para los G.I. Joe.
Para la película en sí, Hollywood reclama a los mejores especialistas para sus productos en serie y, por ello, el elegido fue Stephen Sommers, autor de la saga de “La momia”, que se pone tras las cámaras y tras los ordenadores, pues hay efectos digitales sin disimulo.
Además, selecciona un casting con cameos de sus mejores amigos —Brendan Fraser, Arnold Vosloo y Jonathan Pryce— para dar protagonismo a bellezas de ambos sexos: Sienna Miller capitanea al bando femenino y Channing Tatum desprende testosterona a tope apoyado por Dennis Quaid y Christopher Eccleston.
Para todos ellos, Sommers crea una misión especial, en la que no faltarán miles de localizaciones —desde el desierto hasta el polo—, y que se adapta a los tiempos de la tecnología invisible: una bomba de “nanoinsectos” capaces de devorar la torre Eiffel de París si hace falta y que van pasando de manos durante toda la película.
Entre esos héroes G.I.Joe y los villanos que formarán la futura formación Cobra fluctúa la baronesa Ana, a la que encarna en todo un despliegue de belleza y diseño de vestuario Miller, ensombreciendo así a otras “supermujeres” como Karolina Kurkova y Rachel Nichols.
Los conflictos dramáticos existen para dar consistencia a la rabiosa concatenación de escenas de acción, pero Sommers sabe resolverlos sin dar rodeos y dejarlos lo suficientemente abiertos para lo que “G.I.Joe” reclama a gritos: unas cuantas secuelas.

Madrid
EFE

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