Fraudes electrónicos, ciberacoso y robo de identidad disparan alertas entre usuarios
El aumento del uso de IA y dispositivos conectados está ampliando las oportunidades para los ciberdelincuentes
Fraudes electrónicos, ciberacoso y robo de identidad se han convertido en problemas crecientes a nivel global, en un entorno donde la vida diaria depende cada vez más de tecnologías como la inteligencia artificial (IA) y el Internet de las Cosas (IoT).
En este contexto, especialistas en seguridad informática insisten en que la ciberseguridad ya no puede verse como un asunto técnico exclusivo de expertos, sino como una responsabilidad compartida.
Y es que la información es hoy el recurso más valioso y, por ende, el objetivo principal de los ataques.
Protegerla implica resguardar propiedad intelectual, datos sensibles y la continuidad de operaciones en un mundo hiperconectado.
La falta de medidas de protección puede traducirse en pérdidas financieras, daños emocionales y problemas legales para las víctimas.
Los fraudes en línea, incluidas estafas de inversión y compras falsas, figuran entre los delitos más costosos.
Un análisis de McKinsey & Company confirmó que la inversión global en ciberseguridad superó los $200.000 millones en 2024, pero aun así, los ciberdelitos provocaron pérdidas superiores a los $16.600 millones, un aumento del 33% frente al año anterior.
Los ataques de phishing, cada vez más frecuentes, se aprovechan de mensajes que imitan comunicaciones oficiales para robar credenciales.
En la región, se han detectado campañas que replican notificaciones de multas de tránsito para engañar a los usuarios.
El impacto también se extiende al ámbito emocional. El ciberacoso y el grooming continúan en aumento, especialmente entre niños y adolescentes.
Plataformas populares entre jóvenes, como Snapchat, son terreno fértil para estas agresiones debido a sus funciones de mensajería efímera y herramientas de IA, lo que supone nuevos retos de privacidad y seguridad.
A esto se suma la creciente suplantación de identidad, impulsada por el auge del comercio electrónico, los videojuegos en línea y las criptomonedas.
Las víctimas pueden enfrentar desde compras no autorizadas hasta préstamos fraudulentos y daños en su historial crediticio, además de posibles implicaciones legales.
Frente a este panorama, especialistas advierten que la primera línea de defensa sigue siendo el usuario.
La educación digital, la autenticación multifactor y el uso responsable de la tecnología son claves para disminuir riesgos en un entorno donde cualquier dato puede convertirse en un blanco atractivo para los criminales.
"Todos los esfuerzos deben ser enfocados a la protección, inclusive empezando desde las mismas personas y partiendo de la premisa que todos podemos ser potenciales víctimas de un ciberataque. Esto se debe a que todos manejamos datos y los ciberdelincuentes buscan por lo general poder acceder a cuentas bancarias, hacer estafas financieras, suplantar identidad y eso puede complicarse aún más en la medida que una persona tenga un rol relevante dentro de su trabajo”, dijo Martina López, especialista en seguridad informática de ESET Latinoamérica.