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Las elecciones de 2016 pueden ser un buen escenario para visualizar quienes siguen en la tradición que llevó a exigir cambios, y quienes por el contrario (no importa de cuál partido sean) apuesten por la decencia, la inteligencia y la eficiencia que muchos costarricenses practican y que Costa Rica no tiene por qué perder


Elecciones 2016, en nuevo panorama

Podría salir ganando el país por las circunstancias en que se darán las elecciones de alcaldes, vicealcaldes, regidores, síndicos y suplentes en 2016.
Está por un lado el panorama de las agrupaciones políticas, en franca evolución, aunque no tengamos claro en algunos casos hacia dónde.
El trabajo que ellas hicieron para las elecciones nacionales de 2014 puede significar una diferencia en la medida en que hayan enfocado sus esfuerzos en entrar en contacto directo con las comunidades —las bases de cualquier partido político son siempre una buena puerta de acceso a la realidad de la comunidad— no solo para pedir votos sino para palpar sus necesidades ignoradas, su potencial desperdiciado.
La presencia de nuevos líderes, consolidados ya en la política nacional, que vimos en las elecciones pasadas, fue el rompimiento de un bipartidismo al cual la gente estaba acostumbrada y por el que, de algún modo, perdía interés en la política (si el bipartidismo vigente no era de su agrado).
Hoy el multipartidismo puede haber revivido los deseos de participar en la política, en las diferentes regiones, y no solo desde la perspectiva de elecciones nacionales y sus mecanismos, sino desde la posibilidad de obtener gobierno local de su agrado, o en el que piensen que pueden confiar.
Recordemos que la palabra “confiar” está muy en desuso en estos tiempos y puede ser toda una novedad el que pueda ser aceptada nuevamente en el ámbito de los municipios.
Desde luego que la oportunidad dependerá, en gran parte, no solo del acercamiento que los candidatos (para 2016) tengan con los votantes de sus comunidades, sino de en qué medida estas puedan verlos como capaces de diseñar y poner en práctica las políticas necesarias, sin la espesa y oscura sombra de la corrupción, que daña o frena los proyectos y termina en la vuelta a la desconfianza.
Y por otro lado está una reciente ola de participación ciudadana en los asuntos de interés nacional, que pueden ahora querer acercarse a tomar parte activa en las decisiones de sus gobiernos locales, además de en las nacionales.
Por eso las elecciones de 2016 pueden ser un buen escenario para visualizar quienes siguen en la tradición que llevó a muchos a exigir cambios, y quienes por el contrario (no importa de cuál partido sean) apuesten por la decencia, la inteligencia y la eficiencia que muchos costarricenses practican y que Costa Rica no tiene por qué perder.


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