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El abrazo de una voz

Carmen juncos
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Mercedes Sosa, “La Voz de América”, que se fue de este mundo hace pocos días, dijo en una entrevista que ella no había recibido los premios y reconocimientos que en vida le otorgaron solo porque cantara, sino porque pensaba.

Además de una voz privilegiada, única, se destacó porque no se dejó atrapar por las modas y las exigencias del mundo del espectáculo. Ella impuso su estilo y así la aceptaron todos. La ovacionaron cada vez que se comunicó con el público por medio del canto.

Porque más allá de que unos coincidan y otros no con su pensamiento, pareciera que casi nadie pudo dejar de emocionarse escuchando a “la Negra” como cariñosamente le decían sus amigos.

Mercedes Sosa tenía el dulce acento de los nacidos en Tucumán, Argentina, y un timbre de voz que convertía en algo muy especial las canciones cuando las hacía suyas para interpretarlas en los escenarios. Ella llevó la música de América Latina por el mundo y se sintieron por ella representados muchísimos otros autores y cantantes del subcontinente.

Su rostro y su sonrisa expresaban en igual medida ternura y amor, convicción y firmeza. Su energía vital era arrolladora como un ciclón y pero también dulce y suave.

Será difícil que alguien asuma el relevo de esta mujer excepcional que salió de un rinconcito al norte del sur para desplegar su talento por el mundo.

Algunos prefieren reducir su pensamiento a una ideología. Pero Mercedes Sosa se elevó muy por encima de antagonismos y pequeñeces para extender un abrazo solidario y amoroso a toda la gente de bien. Eso era lo que quería. Extender los brazos y abrazar al mundo. Pero como no podía lo hacía con su voz.
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