Analizar y mucho menos aplaudir el triunfo 8-0 de la Selección Nacional contra Bahamas no tiene sentido.
Ese partido, como muchos que se juegan en eliminatorias hacia Copas del Mundo, son una farsa que nace de un acuerdo corrupto de la FIFA, cuando decide democratizar el fútbol y dar a selecciones nacionales, tan mediocres como esta de Bahamas, la oportunidad de “competir” en busca de clasificar a un Mundial que por puro negocio y en detrimento de su calidad, en cada nueva edición participan un mayor número de selecciones nacionales.
El último Mundial de Fútbol decente fue México 1970; en 1974 asume la presidencia de FIFA el brasileño Joao Havelange que gobierna 24 años (1974-1998).
El fútbol se convierte en industria y el espectáculo da paso al negocio. Nacen entonces estas selecciones nacionales comparsas, que son las que resucitan muertos al recibir goleadas como este 8-0 de Costa Rica a Bahamas, que permiten clasificarse a otros seleccionados de bajo nivel que asisten a los Mundiales por mejor promedio de goles.
Con todo respeto lo anotamos: acaba de suceder con la Selección Nacional Sub 20 femenina, que fue goleada 4-0 por México, pero se clasificó al Mundial en Polonia 26, gracias a la paliza 9-0 que le metió a la selección comparsa de Guyana.
Las decisiones corruptas de doña FIFA crecieron bajo la presidencia de Joseph Blatter (1998-2015). Los jerarcas de la multinacional encontraron la fórmula mágica para reelegirse.
Regalar migajas a países pobres de Asia, África y el puñado de islas del Caribe, como graderías prefabricadas, balones, equipos médicos y centros de entrenamiento, a cambio de votos para seguir en sus puestos.
En este sentido, si Gianni Infantino desea reelegirse, el voto de Bahamas, con un seleccionado que da pena, vale exactamente lo mismo que el de Alemania, España, Francia, Argentina, Brasil, potencias mundiales.
Blatter se especializó en contar con representantes corruptos, como Jack Warner en la zona de Concacaf, que le movía los hilos para lograr los votos del Caribe a la hora de reelegirse.
Infantino le copió el molde y premió a dirigentes de Concacaf, con posiciones de peso en FIFA como pago a favores y oscuras lealtades.
Entonces, a selecciones nacionales como esta de Bahamas, le deberían prohibir jugar eliminatorias mundialistas, en lugar de humillarlas y que exhiban su pobreza futbolística a todo el planeta.
Y compatriotas: que no nos nuble el 8-0.





































