Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 22 Enero, 2010


Campaña: reflexiones (I)


Si la analizamos desde su exterior —desde sus “apariencias” diríamos con Platón— la actual campaña electoral tiene, entre otras, como característica el haberse visto prácticamente expulsada de lo que ha sido el espacio tradicional del quehacer político, como son los espacios públicos. Con sus llamativos anuncios, la actividad económica se ha posesionado en forma permanente de los espacios públicos en carreteras y locales comerciales. Los cartelones en que los candidatos piden el voto a los ciudadanos no hacen sino imitar la publicidad comercial, reconociendo hasta en eso la preeminencia de lo mercantil en la sociedad actual. Por su parte, lo político ocupa los espacios públicos tan solo esporádicamente, como cuando lo hace para protestar en el caso de los sectores sociales, o para hacer campaña cuando de elegir autoridades se trata.
Lo dicho no es más que una manifestación evidente de la decadencia de lo político y el consecuente desprestigio de la clase política. Tal realidad se hace aún más clara como se ve en el hecho de que los espacios públicos, como carreteras, plazas y parques, hayan sido copados por multitudes que solo buscan divertirse en festejos populares. Ya el hecho de que por ley se prohíba cualquier actividad proselitista en plena campaña durante la llamada “tregua” de diciembre, contribuye a que en enero (mes por excelencia de vacaciones) los ticos se sientan más inclinados a llenar las plazas de toros que las plazas públicas en favor de un candidato. Es por eso que estas últimas ya han desaparecido.
A lo anterior contribuye en buena medida el hecho de que, debido al avance tecnológico en las comunicaciones, lo político haya invadido la intimidad del hogar o del lugar de trabajo. Gracias a Internet las opiniones en todos los campos se pueden externar más libremente, sin temor a que el patrón o jefe (privado o estatal) tome represalias cuando el subalterno tiene un pensamiento ideológico aunque no partidariamente diferente.
Pero la política no se puede soslayar; pertenece a la naturaleza humana. Esto ha llevado a que lo político sea valorado de manera distinta por los ciudadanos. Como todo hecho social, la política constituye un fenómeno complejo. Cuando hablamos de “política” podemos estar refiriéndonos a lo político como quehacer social, a los políticos como personas o a los partidos como agrupaciones que aspiran al poder o, finalmente, a las instituciones estatales que tienen a su cargo regular la actividad política y garantizar, dentro del marco legal propio de un estado de derecho, el respeto a la voluntad del Soberano. Es aquí donde el Tribunal Supremo de Elecciones juega un papel decisivo en esto días de campaña, máxime cuando los ánimos se calientan.
Hoy estas tres expresiones de la política se ven seriamente cuestionadas. Podríamos ver este fenómeno como una manifestación de la decadencia o una protesta más o menos explícita de la gente en contra de la corrupción o, más exactamente, de la impunidad en que incurren un día sí y otro también todos los estratos de la sociedad pero, especialmente, algunos de los más destacados representantes del poder político. Seguiré.