Usted ha visitado China unas 18 veces desde 1998. ¿Qué fue lo que más le impactó al ver esa transformación?
Alexander Mora: China era otra en 1998: aún no había ingresado a la OMC, por lo que la infraestructura y el desarrollo estaban en una etapa previa a la globalización. Con el tiempo, fui testigo de cómo cambiaron primero las zonas urbanas y luego el impacto se extendió hacia áreas rurales y ciudades intermedias. Al recorrer el norte, centro, este y oeste, uno ve un proceso continuo, de décadas, no algo “de la noche a la mañana”. Eso es lo que a veces sorprende en Occidente: creemos que fue repentino, pero es el resultado de planificación sostenida.
¿Qué cree que explica el éxito exportador e industrial de China y qué lecciones deja para Costa Rica?
Alexander Mora: Hay varios factores: la apertura a la inversión extranjera, el traslado de operaciones industriales desde Occidente, el desarrollo logístico (puertos, trenes, carreteras), y el modelo de zonas económicas especiales. Pero hay un elemento central: la capacidad de planificar a largo plazo sin estar atado a ciclos políticos. China define una visión de 25 años, se devuelve, establece hitos, se mide y ajusta. En Costa Rica, esa perspectiva de largo plazo es nuestra gran deuda: nos cuesta sostener una hoja de ruta país.
Sobre el TLC con China: ¿por qué sigue generando debate el “desbalance” comercial?
Alexander Mora: Primero, porque es un acuerdo de “vieja generación”: está centrado en bienes y toca poco servicios, facilitación de comercio e inversión (esta última en un instrumento separado). Segundo, porque hay una diferencia estadística importante: Costa Rica reporta exportaciones mucho menores a las que China dice recibir. Una explicación plausible es la cadena global de valor: un componente puede fabricarse en Costa Rica, salir hacia un intermediario donde se agrega valor, y luego llegar a China con otro precio y otra contabilización. Entonces, el acuerdo podría estar más balanceado de lo que sugiere la estadística superficial, aunque persisten debilidades reales, especialmente para exportaciones agrícolas.
Si China es un mercado enorme, ¿qué frena a Costa Rica para exportar más?
Alexander Mora: Hay tres desventajas claras. La primera es logística: no tenemos rutas directas sólidas por el Pacífico y necesitamos infraestructura portuaria con escala. La segunda son los tiempos de tránsito y transbordos, que encarecen y afectan la calidad, especialmente en perecederos. Y la tercera es facilitación de comercio: no negociamos con China mecanismos “fast track”, reconocimiento mutuo sanitario o procesos acelerados. En productos agropecuarios, la permisología china puede tardar años —y cada variación de empaque o presentación puede implicar un permiso distinto.
China suele asociarse con eficiencia en infraestructura. ¿Por qué en Costa Rica proyectos con participación china han sido tan problemáticos?
Alexander Mora: Porque el problema no ha sido China, sino nuestro modelo institucional. En Costa Rica, incluso los proyectos de obra pública enfrentan expropiaciones lentísimas, traslado de servicios que tarda años y una fragmentación institucional donde cada entidad ve solo “su pedazo”. En la Ruta 32, por ejemplo, el constructor era chino, pero las condiciones habilitantes —expropiar, mover servicios, permisos — dependían del Estado costarricense, que no logró cumplir en tiempo. En China, esos procesos están integrados bajo una misma autoridad; aquí operamos en silos.
Volviendo al comercio, ¿es realmente malo que Costa Rica tenga un déficit comercial con China?
Alexander Mora: No necesariamente. El déficit o superávit comercial es, en buena medida, un tema ideológico. Desde la teoría económica, lo importante es el balance agregado del sector externo. Costa Rica tiene superávit con otros países y, en conjunto, mantiene un sector externo fuerte, lo que incluso explica la apreciación del colón. Un déficit bilateral con China puede ser perfectamente racional si estamos importando bienes que abaratan costos y mejoran productividad. El problema no es el déficit en sí, sino no tener una estrategia clara para aprovechar esa relación.
¿Cómo influye el modelo chino —donde el Estado y las empresas están más entrelazados— en esta relación?
Alexander Mora: Influye mucho. En China, buena parte del superávit comercial se genera en empresas estatales o con fuerte vínculo con el Estado. Eso cambia el análisis, porque no hay una separación tan clara entre política pública y aparato productivo. Para un país como Costa Rica, entender ese modelo es clave: no para copiarlo, sino para saber cómo negociar, cómo proteger intereses propios y cómo posicionarse frente a un socio que juega con reglas distintas.
En un contexto de tensiones entre Estados Unidos y China, ¿Costa Rica queda atrapada en medio?
Alexander Mora: Costa Rica puede verse como daño colateral si no actúa con inteligencia estratégica. Pero los grandes países comercian entre sí incluso en medio de conflictos. Estados Unidos comercia con China lo que le conviene, y China hace lo mismo. Costa Rica debería hacer exactamente eso: no autoimponerse restricciones ideológicas y entender que, en un mundo multipolar, hay que relacionarse con todos los grandes bloques sin exclusiones.


































