De Shakespeare a Pinto
No sabemos administrar el éxito. Hace pocos días algunos pedían la ciudadanía de honor para el entrenador nacional, ...
No sabemos administrar el éxito. Hace pocos días algunos pedían la ciudadanía de honor para el entrenador nacional, hoy piden la hoguera
Esta tragicomedia que hemos vivido alrededor de la no continuidad del director técnico Jorge Luis Pinto Afanador con la Selección Nacional, en mucho muestra al fútbol, a la política y a nuestra sociedad. No sabemos administrar el éxito. Hace pocos días algunos pedían la ciudadanía de honor para el entrenador nacional, hoy piden la hoguera, cuán variantes somos de opinión, qué débiles de carácter.
Estaría colmado de la mayor mezquindad aquel que quiera quitarle méritos al señor Pinto, no “ese señor”, como dijo con irrespeto Eduardo Li, presidente de la Fedefútbol; minutos después de leer y alabar al entrenador en una nota pactada para engañar, para mentir, a la afición sobre lo que acontecía en realidad.
Don Jorge realizó un largo proceso en el fútbol costarricense para llegar a culminar con el mayor de los triunfos de nuestro país en una justa futbolista. Algo debió hacer bien el “comandante en jefe” para llegar hasta ahí. Siempre se alabó y habló de su disciplina, ese es su fuerte y por eso se le contrató, hasta sus asistentes lo decían y reconocían, estos últimos tal vez tan solo por tener “reservación” del espacio para asistir a Brasil 2014.
Pinto batalló con dirigentes, afición y una prensa deportiva que reclama y exige como si el fútbol nacional fuese de primer mundo. Hay un punto central del éxito en Brasil 2014, no el único, sí el central, se llama Jorge Luis Pinto, la historia siempre lo dirá, lo avalan los resultados, cualquier otra justificación caerá en mezquindad. Como costarricense solo le puedo decir: “Gracias”.
Esta tragicomedia del fútbol me lleva a recordar la obra de William Shakespeare, “La tragedia de Julio César”, siempre de actualidad como sucede con las obras de los grandes genios. En ella se evidencia cómo algunos senadores romanos preocupados por el éxito de la gestión de César, a quien la población amaba, empiezan a vender la idea de que este quiere ser un dictador, los otros se creen la historia y todos conspiración contra César.
Esperan el momento oportuno, uno a uno lo van apuñalando, inclusive Bruto —su más cercano senador— al que César le había perdonado traiciones anteriores, pero lo hace de último, el César cayendo herido de muerte lo ve a los ojos y logra exclamar: “¿También tú, Bruto?”. Luego todos mienten y dicen que el motivo de su traición al César fue Roma —la nación— no sus propios intereses, ¡Falso!
A lo mejor esta escena central de “Julio César” es el espejo más cruel del comportamiento de muchos en la política, que bien entendida es la lucha por el poder y el reconocimiento. De este escenario no se escapa el fútbol.
Pero la obra no termina ahí, hay una escena más. En ella aparece aprovechando la situación Marco Antonio, que despierta a la multitud para que expulse a los traidores que han matado al César quien ha hecho grande a Roma, a la nación. Así Bruto y sus compinches huyen para luego morir en desolación y olvidados.
El citado Shakespeare en una de sus frases célebres dijo que “los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte; los valientes prueban la muerte solo una vez”. Sabias palabras para los que solo queremos morir una vez.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo