Enviar
Viernes 24 Marzo, 2017

Las consecuencias de dejar en manos privadas la gestión de un servicio de primera necesidad como es el agua, pueden ser graves

Globalización busca privatizar el agua

La diversidad de intereses por el agua constituye un reto social y político. Todos necesitamos agua a diario, por una multiplicidad de usos que son críticos para la supervivencia, la salud y la prosperidad.
Esto supone reflexionar acerca de la difícil situación que enfrentarían los ciudadanos en relación con el suministro del agua que nos hace pensar en al menos tres escenarios: 1. las relaciones globales entre economía y naturaleza, 2. las frágiles políticas nacionales frente a la protección de lo natural y 3. las solitarias y dispersas acciones locales para sembrar conciencia hacia el agua y la vida.
En el primer escenario, en las relaciones entre economía y naturaleza impera una lógica privada que somete lo natural a la renta económica, sin preocupación por la preservación de los recursos; y de las consecuencias sociales que de allí se desprenden, afectando a las poblaciones excluidas y marginadas.
En el segundo y tercer escenario se hace un enfoque hacia el consumo mundial de agua que se ha ubicado en el doble de la tasa de crecimiento mundial y según Naciones Unidas, se espera que la demanda de este recurso para 2025 aumente en 56%, es decir más de la cantidad de agua de la que dispone el planeta, lo cual convierte el líquido en un atractivo y poderoso negocio.
El agua es un derecho que debe conservarse para el beneficio de todos, es nuestro recurso natural vital, porque todas las formas de vida terrestres —plantas, animales y seres humanos— dependen de ella para sobrevivir.
Cabe destacar que cerca del 90% de las reservas mundiales de agua dulce permanecen en manos públicas, sin embargo, la privatización se está volviendo algo más común conforme los gobiernos necesitados de recursos son cada vez más incapaces de dar mantenimiento a los deteriorados sistemas municipales de purificación y abastecimiento de agua.
Los procesos de privatización se han intentado justificar como un paso necesario para incrementar la eficacia del servicio o reducir el gasto público. No obstante las consecuencias de dejar en manos privadas la gestión de un servicio de primera necesidad como es el agua, pueden ser graves.
En la última década, la idea de que el agua dulce debe ser sujeta a las reglas y poder de los mercados, precios, y regímenes de comercio internacional ha sido implementada en docenas de maneras, y en centenares de lugares, afectando millones de personas.
Se han fijado precios por agua previamente proveído de forma gratuita. El negocio de agua embotellada sigue creciendo y algunas compañías privadas han sido invitadas a encargarse del manejo, operación y a veces hasta la propiedad de sistemas de agua públicos.
Por último, se han sugerido ideas de transferir cantidades enormes de agua. Siendo el gobierno quien tiene el deber fundamental de asegurarse que servicios básicos como el agua, alcantarillado y energía, sean proporcionados a todos.

Luis Fernando Allen Forbes
Director ejecutivo
Asociación Salvemos el Río Pacuare