Durante muchos años, el trillado argumento de la izquierda sobre el enorme enriquecimiento que implica la generación de electricidad privada me llevó a invertir en una planta solar en El Salvador, aprovechando la apertura de mercado que allá existe.
Después de gastar una buena suma de dinero en permisos, diseños, contrato y financiamiento, inicié la construcción con un panorama de rentabilidad del 200 % sobre la inversión inicial a 15 años plazo. Logré un contrato de venta de la energía a 67 dólares por megavatio hora, superior al de 55 dólares vigente y regulado en Costa Rica por la ARESEP para los generadores privados que le proveerán energía solar fotovoltaica al ICE a partir de finales de este año.
Explico lo anterior porque he llegado a la conclusión, después de muchos años de esfuerzo, entusiasmo e inversión obligada, de que el verdadero negociazo en el sector eléctrico radica en la concesión del monopolio en las redes de distribución y transmisión.
Y deseo explicarlo de manera sencilla. El costo real de generación de la energía eléctrica fotovoltaica es de si acaso 20 colones por kilovatio hora. En Costa Rica, la ARESEP lo ha estimado en 5,5 centavos de dólar por kilovatio hora, que en estos momentos equivalen a 25 colones, permitiendo un margen de utilidad final al productor de un 20 % sobre su inversión total.
Lo irónico de todo este asunto es que las tarifas de venta al abonado final en Costa Rica son de un mínimo de 56 colones para hogares de bajísimo consumo hasta los 130 colones por kilovatio hora al mediodía para quienes optan por la tarifa residencial horaria.
En el primero de los casos, la utilidad bruta es del 124 % y, en el segundo, del 420 %. Lógicamente, en el sistema eléctrico centralizado de Costa Rica existen grandes costos de inversión y operación en las redes de transmisión y de distribución que antecedieron a la construcción de las generadoras, las cuales, a pesar de los proyectos de armonización de leyes para el sector eléctrico, seguirán siendo el cuello de botella del sistema y se mantendrán en monopolio. La mejor prueba de ello es que el ICE, anticipándose al incremento de la generación y la demanda, ya se garantizó un préstamo por mil millones de dólares para la modernización de su red de transmisión.
Concluyo que la única manera de que las tarifas eléctricas bajen lo más posible al costo de la generación y sean sumamente atractivas para la inversión y la competitividad nacional será por medio de procesos abiertos y sin restricciones de generación distribuida, los cuales prescinden de los costos de las subestaciones, redes de transmisión y distribución, alumbrado público, bomberos e impuestos.
Una nueva ley que abra el mercado de la generación centralizada únicamente, sin permitirle al abonado de manera irrestricta sustituir la compra de energía al mediodía, por la cual pagaría 130 colones, por la suya propia a 20 colones, no tendrá repercusión alguna ni para los abonados actuales ni para las empresas que deseen producir aquí en Costa Rica.
Todavía contamos con tiempo para corregir las falencias de la propuesta de ley de la armonización eléctrica.
Ricardo Trujillo Molina MScEE
Empresario en generación fotovoltaica
































