A menudo nos perdemos en la retórica de la crisis. Hablamos de la falta de empleo, de la ineficiencia institucional y de un presupuesto nacional que parece un barril sin fondo.
Nos hemos acostumbrado a la idea de que, para resolver un problema, necesitamos, inevitablemente, crear una nueva institución, abrir otra partida presupuestaria o pedir más préstamos.
Pero ¿y si nos detuviéramos a soñar con un mundo ideal? ¿Y si el problema no fuera la falta de recursos, sino la absoluta incapacidad de gestionar lo que ya tenemos?
-El eslabón más frágil: el PANI y la transición al INA
Comencemos por el eslabón más frágil: nuestra niñez y juventud. Costa Rica cuenta con instituciones robustas sobre el papel, como el Patronato Nacional de la Infancia (PANI).
Sin embargo, la realidad de muchos jóvenes que cumplen 18 años bajo la tutela del Estado es desgarradora. Son "expulsados" a la calle, sin herramientas, sin redes de apoyo y con una educación académica que, lamentablemente, ha fallado en ser un puente hacia el desarrollo.
Ya sabemos perfectamente en qué terminan estos jóvenes, desprovistos de oportunidades reales: quedan a merced del dinero fácil y las redes del narcotráfico, alimentando en su mayoría los índices de pobreza y exclusión que tanto daño le hacen al tejido social de nuestro país.
¿Qué sucedería si, en lugar de soltarles la mano al llegar a la mayoría de edad, el Estado los acompañara en un ecosistema lógico?
Imaginemos una transición obligatoria y supervisada desde el colegio hacia el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).
No como una opción, sino como un eslabón natural donde el Estado asegure que cada joven, al salir del sistema de protección, posea una competencia técnica certificada.
Aquí es donde entra la articulación. El INA tiene convenios, pero ¿están realmente alineados con la demanda de las multinacionales y de las empresas nacionales que hoy se quejan de no encontrar personal capacitado?
Si el gobierno hiciera su trabajo de puente, no estaríamos creando jóvenes desempleados, sino una fuerza laboral lista para integrarse.
-La vivienda como inversión de vida: el INVU
Sigamos soñando. Tenemos al INVU, una institución histórica con mandatos claros.
¿Qué pasaría si dejáramos de ver la vivienda de bien social como una "regalía" política y la transformáramos en una inversión de vida?
Si esos mismos jóvenes que han completado su formación técnica en el INA recibieran el beneficio de una vivienda, pero bajo un esquema de crédito accesible que se active en el momento en que se insertan en el mercado laboral, estaríamos creando ciudadanos responsables, con arraigo y con una meta clara.
Esto no es regalar; es capitalizar el futuro de una generación que hoy estamos condenando a la precariedad.
-El elefante en la sala: la CCSS y la urgencia de gestión
Ahora, el elefante en la sala es, sin duda, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).
Escuchamos a diario sobre las listas de espera, una cifra que parece reducirse solo por la inercia del tiempo o, más trágicamente, por el fallecimiento de quienes aguardaban.
Es un modelo que colapsa bajo el peso de su propia burocracia.
¿Por qué nos da tanto miedo hablar de gestión? ¿Qué tal si la administración de servicios críticos fuera evaluada bajo estándares privados, con rendición de cuentas real?
Hablamos de una gestión donde el personal sea evaluado por resultados, no por antigüedad o "argolla". Un sistema donde quien no cumple, quien maltrata al usuario o quien simplemente no realiza la labor para la que fue contratado, sea sustituido.
El presupuesto está ahí; lo que falta es la voluntad de exigir excelencia a quienes olvidan que son, ante todo, servidores del pueblo que paga sus salarios con impuestos.
-Cirugía mayor al Estado y justicia fiscal
Costa Rica padece de una hipertrofia institucional. Tenemos decenas de entes con duplicidad de funciones, nombres pomposos que no añaden valor y que solo sirven para inflar planillas.
¿Por qué no iniciar una verdadera cirugía mayor del Estado? Evaluar y unificar instituciones no es despedir por despedir; es optimizar para que cada colón rinda.
Existen plazas, existen los activos y existen los recursos.
El sector privado, que carga con el peso de financiar esta "fiesta" del despilfarro, no debería ser castigado con más impuestos mientras el Estado no sea capaz de administrar eficientemente lo que ya tiene.
La verdadera justicia fiscal no es cobrar más, es gastar con lógica y con resultados tangibles.
Muchos dirán que esto es una utopía. Que el sistema es demasiado grande, que los sindicatos, que la política, que la inercia.
Sin embargo, lo que falta en este país no es dinero ni infraestructura. Lo que falta son ganas.
Faltan líderes con la valentía de auditar lo que no funciona, de romper las "argollas" y de entender que el Estado no es un fin en sí mismo, sino un medio para el bienestar de la ciudadanía.
Soñar con que las cosas funcionen no es un ejercicio de ingenuidad; es un ejercicio de exigencia. Un país que no es capaz de corregir sus propias ineficiencias es un país que está destinado a estancarse.
Sería hermoso vivir en un país donde la eficiencia fuera la norma y no la excepción. Donde el trabajo de una institución sea medido por el éxito de sus beneficiarios y no por la cantidad de años que lleva operando sin cambios.
Bueno, al final de cuentas, esto es solo un "si todo funcionara".
Pero ¿y si nos atrevemos a convertir ese "si" en una realidad?




































