La Unión Europea (UE) reaccionó al ataque de Estados Unidos en Venezuela y a la captura de Nicolás Maduro con prudencia y equilibrio diplomático.
Lejos de pronunciamientos contundentes, las principales instituciones europeas y la mayoría de los Estados miembros optaron por mensajes contenidos, centrados en la defensa del derecho internacional y en la necesidad de una transición pacífica y democrática en el país sudamericano.
Desde Bruselas, la alta representante para la Política Exterior y de Seguridad, Kaja Kallas, reiteró que Maduro carece de legitimidad, pero evitó referirse de forma explícita a la operación militar estadounidense o al traslado del dirigente venezolano fuera del país.
En comunicados breves, la UE subrayó la importancia de respetar la Carta de las Naciones Unidas y llamó a la moderación en un contexto de alta tensión regional.
Kallas aseguró además que el bloque europeo sigue “muy de cerca” la evolución de la crisis y que ha mantenido contactos con autoridades estadounidenses.
Esta línea ha sido respaldada por el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quienes coincidieron en bajar la intensidad del conflicto y pidieron una salida conforme a las normas internacionales.
Las capitales europeas, no obstante, han mostrado matices. Francia se ha desmarcado con una crítica abierta a la operación militar de Washington, al considerar que vulnera el principio de no uso de la fuerza y puede tener consecuencias graves para la seguridad mundial, aunque sin dejar de recordar el fraude electoral que permitió a Maduro mantenerse en el poder en 2024.
España y Dinamarca también se sumaron a los llamados a la desescalada.
En contraste, Italia adoptó una postura distinta. La primera ministra Giorgia Meloni calificó la acción estadounidense como legítima en clave defensiva frente al narcotráfico, aunque admitió que la intervención militar extranjera no es el camino ideal para poner fin a regímenes autoritarios.
Desde el Parlamento Europeo, las críticas han sido más duras. La líder del grupo de Socialistas y Demócratas, Iratxe García Pérez, rechazó el uso de la fuerza y reclamó que la UE impulse una transición basada en el diálogo y la mediación.