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Domingo, 18 de noviembre de 2018



FORO DE LECTORES


Treinta y cinco años después

| Viernes 22 febrero, 2008


Treinta y cinco años después


En abril de 1972 el entonces presidente de México, Luis Echeverría, pronunció un discurso ante la Tercera Conferencia de la UNCTAD en Santiago de Chile. Allí esbozó algunas ideas de lo que consideraba podría adoptarse como Carta de los Deberes y Derechos Económicos de los Estados. Vale la pena recordar algunos de sus planteamientos para que se comparen con la actualidad.
“Transcurrido un decenio que fue esperanza para la humanidad, los países en vías de desarrollo han recorrido un largo camino de frustración. (…) El principio de responsabilidad conjunta no ha sido respetado. La adopción de acuerdos satisfactorios se difiere según la conveniencia de un país o grupo de países. A mayor abundamiento, el decenio ha culminado con medidas proteccionistas (…)”.
“Es ya contraproducente seguir concentrando la riqueza ahí donde existe abundancia”.
“No puede haber trato igual entre desiguales. Insistimos en la plena aplicación del principio de reciprocidad, ya que la ampliación del comercio entre países con distintos niveles de evolución exige ventajas y medidas especiales a favor de los menos desarrollados”.
“No venimos a negociar con los grandes países industriales ventajas a favor de oligarquías económicas del mundo subdesarrollado”.
“La herencia de prolongadas relaciones de coloniaje debe combatirse, simultáneamente, en la vida de relación internacional y en el ámbito propio de nuestros países. (…) No queremos consolidar grupos privilegiados que sirvan de aparente enlace con los centros de poder (…)”
“Todos los países deben reconocer y respetar el derecho de cualquier nación para disponer libremente de sus recursos naturales, sin ningún tipo de coerción exterior”
Al esbozar algunos principios de lo que podría ser la Carta de los Deberes y Derechos Económicos de los Estados, señaló, entre otros, los siguientes:
“libre disposición de los recursos naturales; respeto irrestricto del derecho que cada pueblo tiene a adoptar las estructura económica que le convenga (…); renuncia al empleo de instrumentos y presiones económicas para reducir la soberanía política de los Estados; supeditación del capital extranjero a las leyes del país al que acuda; (…); abolición de las prácticas comerciales que discriminan las exportaciones de los países no industrializados; (…); acuerdos que garanticen la estabilidad y el precio justo de los productos básicos; amplia y adecuada transmisión de los avances tecnológicos y científicos, (…); mayores recursos para el financiamiento del desarrollo, a largo plazo, bajo tipo de interés y sin ataduras”.
Se hizo todo lo contrario. La globalización neoliberal profundizó la brecha entre ricos y pobres tanto a nivel internacional como a lo interno de los países. Para el año 2042 cuando transcurran otros 35 años, muchos de los que lean este artículo hoy, y seguramente yo, ya no estaremos presentes físicamente. Esperemos que las futuras generaciones no tengan que volver sobre lo mismo porque se haya alcanzado un mundo mejor. Para ello luchamos; para que nuestros descendientes no nos reprochen haberles heredado un mundo caótico. Reflexionemos al respecto.

Lic. Jorge Rodríguez Hernández
Cónsul General de la República de Cuba
Pasaporte 247791