Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 21 Enero, 2015

El Ejecutivo gestiona de manera torpe una crisis política


Hablando Claro

Tiempo perdido

El tiempo, si se dilapida, no hay cómo recuperarlo. Inevitable pensar en ello al repasar la forma en que el Ejecutivo gestiona de manera torpe una crisis política, sin parar mientes no solo en la dimensión que su mutismo y su inacción iban a ocasionar para la coyuntura inmediata del reinicio de las parlamentarias esta semana, sino respecto del hecho de que están transcurriendo los valiosísimos meses de la gestión, en los que hay que hacer.
Hacer obra, hacer tareas de convencimiento, hacer acuerdos políticos, hacer leyes, hacer política pública, hacer, hacer, hacer.
La falta de capacidad para la gestión política que muestra la gestión ministerial de la presidencia está dinamitando el camino de los acuerdos sustantivos que el país necesita con urgencia y cada paso dado ha sido más torpe que el anterior; todo sintetizado en el hecho de que esta crisis siendo pequeña, se ha escalado debido justamente a su mal manejo. Deplorable. Decepcionante. Incluso angustiante. Los calificativos no alcanzan para mostrar el nivel de la frustración cuando en condición de demócrata una sabe que en estas pequeñas crisis va no solo va el tiempo perdido sino también el goteo lento pero incesante del descrédito hacia la política y hacia la institucionalidad.
Escribo estas líneas antes de la conferencia de prensa del presidente Solís, convencida como estoy hace meses que el Ministro de la Presidencia ya no tiene espacio político para continuar la gestión y que más tarde que temprano habrá de liberar al mandatario del pesado fardo que carga al anteponerse una y otra vez para defender a quien debiera defenderlo; dado que todo aquel que entienda de política dos dedos, sabe que los ministros todos están para defender la figura y la majestad del cargo presidencial y no al contrario.
Así que por incomprensible que resulte, el mandatario tan humano como cualquiera y a cuenta de su añeja y fortísima relación de amistad y lealtad de muchos años no puede desprenderse de su primer ministro y este no pareciera tener ningún empeño en solucionarle a su amigo el problema que significa su permanencia en el cargo.
Y esto no tiene que ver de ninguna manera, como dijo a lo mejor de buena fe pero con absoluto desconocimiento político el diputado Víctor Morales Zapata, un irrespeto al principio de inocencia que debe amparar al ministro Jiménez.
El tema aquí por supuesto no es jurídico. El tema es todo político. Y la salida del titular de presidencia, no deberá darse porque la prensa, los politólogos y los opinadores más o menos validados lo vengamos diciendo hace semanas.
El tema es que al señor Ministro de la Presidencia se le agotó el espacio. Perdió a su enlace de negociación con el Congreso y no parece haber duda respecto de la imperiosa necesidad que tiene el presidente Solís de que un titular de relevo asuma la tarea de rearticular la comunicación política que don Melvin no pudo nunca llevar por buen sendero, a punto tal de haber perdido toda posibilidad real de gestión medianamente sólida no solo con el Congreso, sino hasta con parte del propio gabinete de gobierno.


Vilma Ibarra