Prueba de fuego para Solís
A diferencia de otras luchas que no logran aglutinar a los gremios, las demandas salariales tienen el potencial de unir a los grupos más fuertes. Gerson Vargas/La República
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Tiene que escoger entre satisfacer a amigos o resolver déficit

Prueba de fuego para Solís

Sindicatos no descartan huelga



Ya viene la prueba de fuego que enfrenta el Gobierno del presidente Luis Guillermo Solís, la de respaldar a sus amigos sindicales de campaña, o tomar una posición económica realista.
Un jugoso aumento, u otras huelgas, es lo que proponen los sindicatos, ante el ajuste en las próximas semanas de los salarios de los funcionarios públicos.
Mientras tanto, el propio Gobierno, apoyado por muchos contribuyentes, espera que el alza sea modesta, ante el problema fiscal, que agobia al país.

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Se avecina un momento decisivo para el Gobierno de Solís —ponerse del lado de los sindicatos, o de la realidad económica del país—, al fijar en pocas semanas el ajuste salarial para los empleados del Gobierno.
En lo que a las relaciones entre las organizaciones de trabajadores y Solís se refiere, estas creen que la cercanía con este Gobierno les permitirá avanzar en sus derechos y recuperar el poder adquisitivo que perdieron durante las últimas dos administraciones.
Por el contrario, ni Óscar Arias ni Laura Chinchilla quisieron negociar con los sindicatos, y más bien establecieron las alzas salariales por decreto.
De hecho, parece tan positivo el vínculo entre Gobierno y trabajadores, que Albino Vargas de la ANEP la semana pasada llegó a decir que ahora sí se sienten representados.
Durante la campaña los sindicatos se unieron al PAC y a Solís, para derrotar al enemigo común percibido por ellos, el de Liberación Nacional.
Para los sindicatos, se trata de una nueva política salarial que contemple de ahora en adelante, la inflación atrasada y la proyección para el siguiente semestre.
En el contexto de las negociaciones, que empezarán en pocas semanas, proponen aumentar sus ingresos entre un 5% y un 7%, para recuperar el nivel de vida que tenían hace ocho años y más aún, empoderar mejor a esta casta de trabajadores.

Al no obtener lo que piden, amenazan con irse a huelga.
En ese sentido, aún recuerdan con rencor el incremento que recibieron del 0,43% en diciembre, lo cual ya los dejó predispuestos a marchar de nuevo.
A diferencia de otras luchas que no logran aglutinar a los gremios, las demandas salariales tienen el potencial de unir a los grupos más fuertes como Undeca, el Magisterio Nacional y el FIT del ICE por solo mencionar algunos grupos.

En la campaña electoral, Solís se comprometió con las luchas sindicales para acabar con la desigualdad social, abrazó la idea de una mayor distribución de la riqueza y hasta negó la posibilidad de negociar nuevas alianzas comerciales.

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Sin embargo, complacer a sus amigos no será fácil para el Presidente.
Un elevado déficit fiscal, estimado para este año en hasta el 6,5% del valor anual de la producción nacional, impediría que el mandatario cumpliera con esos grupos.
El déficit crónico y elevado está endeudando más al país cada año.
Tampoco sería fácil hacer una reforma fiscal, pues poca gente estaría dispuesta a aprobar nuevos impuestos para pagarles más a los burócratas, que a menudo ganan en promedio hasta el doble que sus homólogos del sector privado.
Antes de cobrar nuevos impuestos hay que apretarse el cinturón, ha dicho el propio Presidente.


Esteban Arrieta
[email protected]
@earrietaLR

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