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Debacle del PUSC, herencia de últimas tres campañas

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Cohesión de tendencias es difícil por ausencia de líderes

El Partido Unidad Social Cristiana encontró en los últimos diez días una nueva forma de despedazarse —provocando la renuncia de su candidato presidencial—, tras una pelea de tres grupos que buscan aprovechar su popularidad, para contar con su propia cuota de poder.

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Este fenómeno es congruente con una tendencia de abandonar al candidato, situación reiterada durante la década anterior, cuando el partido fracasó en dos elecciones, por divisiones internas.

En los últimos días, el PUSC evidencia su intención de destruirse como fuerza política, mediante los pleitos, entre tres grupos internos, en este caso para explotar la sorpresiva popularidad que ha demostrado el candidato presidencial Rodolfo Hernández, según las últimas encuestas.
De confirmarse la candidatura de Hernández en la Asamblea del PUSC, la agrupación quedaría representada por un líder cuya palabra no se sostiene por más de dos días.
En este caso, se trataría de descarrilar una campaña presidencial, que daba indicaciones de tener cierto grado de éxito, a raíz de la crisis crónica de un partido, dividido en varios grupos, incluidos los seguidores de Rafael Ángel Calderón, y la llamada Nueva Unidad, así como otro grupo de exdiputados, cada uno luchando por su propia cuota del poder.
Es en ese entorno que se gesta la renuncia del equipo también de varias personas cercanas a Hernández, incluido su grupo asesor en economía, conformado sobre todo por Jorge Guardia, Rolando Laclé, Danilo Chaverri y Gonzalo Fajardo.
Es así como se pone en evidencia que el liderazgo de Hernández es insuficiente para aplacar las luchas entre las tendencias, dijo Claudio Alpízar, politólogo.
De hecho, la falta de apoyo hacia Hernández inició meses antes, cuando Luis Fishman, actual diputado del PUSC, anunció su adhesión a la campaña del liberacionista Johnny Araya.
Sin embargo, el deterioro del partido ya tiene diez años de evolución.
En la campaña de 2009, Luis Fishman enfrentó el abandono de parte de varios dirigentes del partido, al no pertenecer a ninguna de las tendencias importantes internas, tras haber recibido el voto de la convención.
Ante esta situación, Fishman y el PUSC recibieron tan solo el 4% de votos para presidente, en los comicios de 2010.
No le fue mucho mejor a Ricardo Toledo, que casi destruyó al partido en las elecciones de 2006, al obtener un resultado aún inferior al de Fishman.
Por su parte, Abel Pacheco fue elegido en 2002, por su popularidad personal, aunque él también fue un huérfano político en el PUSC, al no representar ninguna de las principales tendencias.
Todo este proceso se remonta a los procesos judiciales contra los expresidentes Rafael Ángel Calderón y Miguel Ángel Rodríguez, que le quitaron al partido sus líderes más destacados.
Con esto, la estructura del PUSC perdió a los estrategas, que planificaban la renovación de figuras a nivel de asambleas, diputaciones e incluso aspirantes a presidente.
Además, el partido quedó expuesto por ser blanco fácil de críticas sobre corrupción.
“Hay que sumar el abandono de las funciones tradicionales, como la formación de cuadros dirigentes, canalización de demandas sociales y propuestas programáticas”, comentó Gustavo Araya, analista político.
Antes de las elecciones de 2006, el PUSC contó por unos 20 años con una estructura interna fuerte, y que gestaba a las figuras que llegarían a la Asamblea Legislativa y aspirarían a presidente.
Rafael Ángel Calderón, sobre todo, tuvo manejo del partido, ejerciendo liderazgo y fungiendo como punto de encuentro para resolver las diferencias entre las tendencias internas.
De hecho, el PUSC tuvo su origen en 1978 en una coalición, al conciliar las propias divisiones.

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Luis Fernando Cascante
[email protected]
@La_Republica


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