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Notas desgarradoras

• Plurigalardonada producción mexicana, lanza un vehemente llamado en contra de la injusticia

El violín
(El violín)
Dirección: Francisco Vargas. Reparto: Angel Tavira, Gerardo Taracena, Dagoberto Gama, Mario Garibaldi. Duración: 1.38. Origen: México 2005. Calificación: 8.

Publicitada como la película mexicana más premiada de todos los tiempos, “El violín” suma efectivamente 24 galardones y menciones honoríficas, obtenidas en diferentes festivales internacionales. Sus ambiciones artísticas y su falta de ganchos comerciales, la convierten en una realización prestigiosa aunque poco rentable, destinada a un selecto público de conocedores.
Guion y dirección están a cargo de Francisco Vargas, quien efectúa un debut prometedor con este largometraje impresionante, rodado en blanco y negro e interpretado en su mayoría por actores no profesionales. Vargas tiene las ideas muy claras acerca del objetivo que quiere alcanzar y de los medios para alcanzarlo. Su obra lanza un vehemente llamado en contra de la injusticia y lo hace mediante un estilo austero y esencial.
Las influencias del autor son evidentes y muy variadas: desde el neorrealismo italiano hasta la lección expresiva del cine soviético, filtrada a través de la experiencia de Emilio “El Indio” Fernández y su brillante fotógrafo Gabriel Figueroa. “El violín” sufre algunas imperfecciones que le impiden estar a la altura de los clásicos; no obstante, constituye un esfuerzo valioso.
Aunque no se especifican el lugar y tiempo de la acción, la historia se ubica supuestamente en los años 70, en el norte de México. El arranque es chocante: en una cabaña, algunos militares abusan de campesinos acusados de ser guerrilleros, torturando a los hombres y violando a las mujeres. El resto del filme está exento de violencia; sin embargo, la crudeza de ese prólogo establece una atmósfera lúgubre y desesperada, que marca la totalidad de la proyección.
El protagonista es Don Plutarco, un anciano violinista manco, quien toca su instrumento amarrando el arco a su extremidad derecha. Junto a su hijo y a su nieto, él recorre las calles, tocando a cambio de limosna. Cuando el ejército destruye su aldea, Don Plutarco se gana la confianza de un oficial e intenta trasegar municiones en el estuche de su violín, arriesgando su propia vida.
Caracterizada por la espontánea y vibrante interpretación del octogenario Angel Tavira, la cinta alcanza momentos de gran emotividad, enseñando la lucha de un hombre por mantener su dignidad ante la cruel opresión de las autoridades. El ritmo es generalmente pausado y a veces, se torna demasiado lento, ocasionando baches esporádicos en la tensión dramática.
Sin embargo, “El violín” logra trascender sus propias limitaciones, concretando una amarga y contundente denuncia social, que sacude la conciencia gracias a la fuerza poética de sus imágenes.
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