Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 3 Abril, 2012


El escenario donde más se producen resultados “arreglados” es en los mundiales de fútbol.
Sobran ejemplos de cómo en el partido número tres de cada grupo de cuatro equipos, los rivales se ponen de acuerdo para montar un resultado determinado, que “joda” a otro rival de ese mismo grupo de mayor nivel futbolístico, que por determinadas circunstancias no sacó los resultados que le favorecían en los dos primeros partidos.
De esta forma, se liquida a un fuerte contendiente para las fases siguientes.
Si Brasil, Italia, Alemania, Argentina, España, Inglaterra, Uruguay, Holanda, tienen la oportunidad, ya clasificadas para la siguiente fase, de dejar eliminado a uno de estos seleccionados, y lo liquida, empatando o perdiendo un tercer partido en su grupo que se supone, debería ganar, lo ha hecho y lo hará.
Los mundiales de fútbol están repletos de resultados arreglados.
Ahora, no es que se compra con dinero a los jugadores para que no metan goles, se dejen ganar o empatar o cometan un penal en un momento propicio del partido.
Tampoco es que minutos antes del juego, los entrenadores se meten al vestuario del equipo rival a ofrecer premios para arreglar el resultado del partido.
Simple y llanamente en la conciencia de técnicos y jugadores se entiende y se comprende que habrá que “trabajar” para que ese resultado se produzca.
Si una potencia del mundo se asegura la clasificación a la siguiente ronda de un Mundial y puede “decidir”, depende el resultado del tercer partido, que otra potencia que está en su mismo grupo quede eliminada, hará lo que se deba hacer para que se dé el resultado que le conviene.
El “arreglo” de ese resultado no es comprando o premiando al rival de turno para que haga tal o cual cosa, ni mucho menos ofreciéndoles a los jugadores de su mismo equipo un discurso perdedor.
“Muchachos, hoy hay que dejarse ganar para eliminar a Brasil”.
¡No, no, no!
El asunto no va por ahí.
El resultado que se ocupa viene por sentido común.
Todo este largo comentario lo escribo horas antes de que jueguen Santos y Pérez Zeledón, un partido que si los generaleños lo conducen precisamente con sentido común, puede significar la liquidación de uno o dos de los grandes de la siguiente fase.
En otras palabras, si los guerreros son inteligentes, les sirve perder.

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