Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 20 Marzo, 2012


Cuando terminó la última etapa de la Vuelta a Costa Rica, me atreví a escribir una Nota en la que me declaré abiertamente ignorante sobre la valiente disciplina del ciclismo, de manera que como jamás estuve en la cobertura de una competencia, se me hacía bien difícil digerir como, en este caso Juan Carlos Rojas no podía quitarse menos de un minuto de ventaja que le llevaba José Adrián Bonilla en la última etapa que era de más de 135 kilómetros.
Todavía no concibo, y reitero que es por mi ignorancia en materia ciclística, cómo un ciclista no puede quitarse de encima unos pocos segundos en plena carretera, disponiendo de más de 130 kilómetros para intentarlo.
Claro que los expertos me explicaron por qué cuesta que ese rebase se produzca y por eso a Bonilla lo declararon virtual ganador de la Vuelta sin que se corriera la última etapa que venía de El General hacia San José.
Uno medio entiende que es un asunto de correr en equipo donde cada integrante tiene su propia función y que existen peones, líderes, bloqueadores, tapones y un sinnúmero de movimientos, indicaciones y tácticas que impiden que un segundo lugar le pase por encima al que va de primero, a pesar de tan larga distancia.
Yo insistí y escribí que no me tragaba ese cuento y la verdad que recibí en las redes sociales mucho apoyo a mis argumentos de ignorante. Luego me entristecí mucho cuando escuché por ahí que es común “negociar” metas, premios de montaña, novato de la prueba y otras distinciones. Eso sí, nadie me dio pruebas para demostrarlo porque parece que es un asunto que se da en carretera.
Todo este prólogo para manifestar mi desaprobación y decepción también por lo que presencie en la madrugada del domingo en la primera prueba de la Fórmula Uno.
Resulta que uno se sienta emocionado frente al televisor, solo para mirar que los pilotos que ganan y se apoderan del podio, normalmente lo logran sin “rayar” a nadie en la pista. Uno mira y mira los bólidos pasar durante 58 vueltas y casi no se observan maniobras atrevidas de los conductores para pasarles a otros.
La mayoría triunfa por asuntos del vehículo; que se quebró la rótula, que se sobrecalentó, que las llantas se “jodieron”, que tuvieron que entrar a “pits”, en fin, una serie de “carajadas” técnicas del auto que nada tienen que ver con la destreza de los pilotos, y eso de verdad es una “agüevazón”.
Que conste en actas mi decepción.

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