Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 14 Julio, 2010


“Diga que se equivocó”.
Así tituló el renombrado periodista deportivo uruguayo, Jorge Barraza, una de sus columnas del Mundial publicadas en La Nación.
Le voy a “robar” a los colegas párrafos de esa publicación, que tiene que ver directamente con nuestra profesión, porque en diferentes oportunidades hemos analizado y comentado exactamente de lo mismo en nuestra Nota.
“Somos equilibristas sin red; nos tiramos al agua sin salvavidas. Ejercemos el duro oficio de pronosticar los 365 días del año sobre un deporte que es la más impredecible de las actividades. Es nuestro trabajo; el de los comentaristas de fútbol. Anunciamos un triunfo que posiblemente no se cumpla. Vemos como figura a un jugador que en los partidos siguientes tal vez se opaque.
“Salvo los que desactivan bombas, no hay menester más expuesto que el del analista del fútbol”, dice Barraza.
Y agrega: “el médico, no se la juega en absoluto. Uno va al consultorio; el galeno lo revisa concienzudamente y, antes de emitir un diagnóstico le pide que se haga unos análisis.
—“Pero doctor, dígame algo…qué tengo”, suplica el paciente.
—“Hasta que no venga el análisis no puedo adelantarle nada”, es la respuesta.
El más iluminado hombre de negocios, antes de acometer una empresa, pide un estudio de mercado. Quiere estar totalmente seguro en un tema que domina. El arquitecto exige un estudio de suelo. Todos se cubren.
El analista de fútbol no puede pedir un análisis al laboratorio, ni ampararse en la cautela excesiva. Todos requieren que se la juegue. Si no aventura una opinión, ¿para qué lo va a leer el público?.
Se equivoca el servicio meteorológico, con radares, satélites y computadoras. “Tormenta para hoy”, anuncia. Después no llueve en quince días. Pero, el que no debe fallar es el periodista deportivo.
Antes de viajar al Mundial, el cronista va a la peluquería; el peluquero le pregunta. “¿Quién sale campeón?”.
Hay que acertar, caso contrario el peluquero se mofa con otros clientes. “Este no sabe nada”.
Sigo mañana; leyendo a don Jorge repaso, reedito, rememoro lo sucedido con esta Nota de Tano, desde que se publicó por primera vez en 1988.
Todo ha sido y seguirá siéndolo como lo apunta; el periodista de opinión expuesto; que se aventura; se arriesga a ser creíble o dejar pasar la más hermosa de las profesiones convertido en un simple florero.
¡Solo para adorno sirve!

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