Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 16 Julio, 2015

¡Invencibles e invictos!
Costa Rica se clasificó a la segunda fase de la Copa Oro sin perder un solo partido.
Todo esto es cierto, pero, ¿el fútbol?
Igual se podría escribir otra verdad.


Sin ganar un solo partido, la Selección Nacional está en cuartos de final de la Copa Oro. Su rival se conocía anoche.
Lo cierto es que entre brincos y saltos el equipo de Paulo César Wanchope se “coló” entre los ocho mejores del torneo con una leve mejoría en su calidad de juego en el último partido del grupo frente a Canadá.
El técnico acertó en las variantes porque las tres caras nuevas en la formación titular aportaron al engranaje del equipo: Francisco Calvo dio calma y paz a la defensa, Johan Venegas se convirtió en el mejor del equipo y Deyver Vega, aparte de que casi anota, ayudó a que David Ramírez hallara más espacios de maniobra.
Contra Canadá, Costa Rica jugó el mejor partido del torneo y aunque su mejoría fue leve, alcanzó para sacar el resultado, clasificar y volver a ilusionarse con una mejor actuación en la ronda de cuartos de final. Ayudó muchísimo a que la Tricolor lograra sobrevivir el triunfo mínimo de Jamaica con El Salvador en el juego preliminar del grupo.
También ayudó y muchísimo la poca calidad que muestra la actual selección canadiense, una de las peores de los últimos años, a la que Benito Flores no le ha podido meter explosividad. Canadá no asusta porque no tiene cómo asustar, salvo la “bola muerta”.
La Tricolor se sintió cómoda en todas sus líneas; los centrales Pipo y Calvo no pasaron los apuros en los que los metió El Salvador; los carrileros locales no suben, solo esperan, de ahí que Junior Díaz tuvo vacaciones defensivas; el capitán Bryan Ruiz subió su nivel y la oncena se monta en su inteligente fútbol, además destacar el trabajo táctico inclaudicable de un guerrero que se llama David Guzmán.
Celso aportó el equilibrio y Venegas, Vega y Ramírez insistieron en rematar y rematar, gran señal de mejoría.
Nos parece que clasificarse después de la tormenta desatada por las malas presentaciones en los dos primeros juegos, le meten al entorno de la Tricolor un remanso de paz y de esa paz debe renacer la confianza de que el equipo puede subir su nivel ya en una instancia superior de competencia.

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