Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 8 Marzo, 2013

En el deporte centroamericano, ni siquiera somos segundones, que ya suena bastante feo por descalificativo: somos tercerones.
Como ingrata lección para todos los presidentes de Costa Rica desde 1950 hasta hoy, es en nuestra propia Patria, sede de los Juegos Centroamericanos, que los atletas de El Salvador y Guatemala nos superan en el medallero general como ha sido costumbre en ediciones anteriores.
El país del pura vida, que se precia de tener más maestros que soldados, que invierte más en aulas que en armas; el país que habitamos los llamados argentinos de Centroamérica, prestos a mirar por debajo del hombro a nuestros hermanos indios de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala, es superado en los terrenos de juego por atletas que representan naciones despedazas por la guerra, el hambre, la violencia, el analfabetismo, las dictaduras, cuyos gobernantes, todo lo contrario a sus colegas costarricenses, hace ya muchísimos años comprendieron que la inversión millonaria en el deporte, solo puede dejar grandes dividendos y pusieron manos a la obra.
Y que conste en actas que no estamos hablando de gobiernos que como el cubano, por citar solo un ejemplo, donde no impera la democracia, sus líderes políticos tapan los problemas domésticos inyectando dólares en los renglones de salud y deporte para darles barniz a “las tortas”.
No estamos citando a países comunistas si todavía cabe el término.
¡No!
Estamos hablando de Guatemala y El Salvador, naciones pobres y democráticas, cuyos deportistas barren en las justas centroamericanas y llenan de honor y orgullo a sus pueblos, mientras los ticos mimados y favorecidos incluso por la naturaleza, nos limitamos a verlos subir a los podios por el oro, la plata y el bronce en nuestras propias narices.
¡Vaya lección!
Y esta desgracia del deporte costarricense, de verdad que no es responsabilidad de los dirigentes. La mayoría acepta los “huesos” que le ofrece el gobierno de turno, acostumbrado a nombrar en el sector deportivo a cualquier hijo de vecino, solo porque fue chofer en la campaña, de manera que habría que restregarles en el rostro a los expresidentes de la República, la cosecha de medallas de cuscatlecos y chapines, no para que se sonrojen, sino para que sus sucesores cambien radicalmente de actitud e inviertan en algo que vale la pena: el deporte.

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