Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

Enviar
Sábado 3 Octubre, 2009



En cada ocasión que un cuerpo técnico anuncia la lista de jugadores de la Selección Nacional de fútbol, el día cambia su rutina.
Se da un morbo entre aficionados y periodistas en querer conocer los nombres de los nuevos convocados y una vez anunciada la nómina, se reactivan los 184 programas deportivos en la radio, las páginas en Internet y las secciones deportivas, comentando en esta oportunidad, el regreso de Gilberto Martínez y Rolando Fonseca como la gran novedad.
Cuando Costa Rica fichó a René Simoes como entrenador de la tricolor, manifestamos en esta Nota que ni don René, ni Carlitos Bianchi, ni Sir Alex Ferguson podían garantizar la victoria de la Selección Nacional en Washington, en lo que se supone será el partido clave para amarrar las tres clasificaciones directas de Concacaf a Sudáfrica.
Mucho menos pueden asegurarla el Tuma y Rolo; con el 90% de los nuevos convocados, solo en una ocasión hemos triunfado en Estados Unidos.
Por eso, si Eduardo Li conociera a un técnico de fútbol en el mundo que firmándolo, le asegura el triunfo costarricense contra Estados Unidos, lo firma al precio que sea, porque en ese partido, Costa Rica se juega —a menos de un desastre en el Saprissa— el pase directo al Mundial y echa a la billetera los millones de dólares que eso conlleva.
De manera que la firma de Simoes y la lista de ayer, únicamente pone a hervir la olla futbolera; entran en efervescencia los contertulios, se anima el entorno pero, si editamos la fría realidad, tenemos que sincerarnos para entender que solo un milagro nos puede llevar en viaje directo al Mundial y, como los milagros son escasos, mejor ver al sur y pedir que se acomode de quinto por allá, una selección más accesible —si es que existe— que la argentina y a ver cómo nos va.
Desgraciadamente la entrada en barrena del avión pilotado por Rodrigo Kenton nos lanzó al fondo del precipicio y la escalada está contra la pared.
Todo lo actuado por René Simoes, entrenamientos y convocatoria, ha sido emergente y poco científico; a falta de minutos reinó la improvisación y así, es muy difícil que arriben los premios.

[email protected]