Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 29 Noviembre, 2007

Nota de Tano

Gaetano Pandolfo
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Cría cuervos y te sacarán los ojos.
La Doce, tan chusma como la que un día me despedazó el vehículo a vista y paciencia de la policía en un clásico en el Ricardo Saprissa, para luego abandonar las instalaciones en alfombra roja desde el coliseo hasta las instalaciones de LA REPUBLICA, custodiada por la autoridad, le metió un puñal por la espalda a quienes en otra época y quizá con otros nombres fueron sus progenitores.
Los sucesos ocurridos la noche del martes en el Morera Soto no se pueden analizar aisladamente; son consecuencia de una cadena de errores y de desaciertos de nuestros dirigentes, atrapados desde Italia 90 por los intereses económicos de los jugadores, los consentidos en la disciplina del fútbol, con salarios de millones muchos de ellos, sin tener la inmensa mayoría las condiciones futbolísticas para merecerlos.
Eso enerva a los espectadores y no todos tienen la cultura y los valores familiares suficientes para no explotar ante el paupérrimo espectáculo. El martes, los pachucos explotaron, pero hay que decir que estuvimos en el estadio Alejandro Morera el domingo 18 de noviembre y fuimos testigos del enojo que rayaba en furia, de decenas de seguidores del Alajuelense de sectores de palco y numerada, inconformes y muy molestos por el flojo desempeño del equipo.
Escribí que uno de ellos dijo que tenía más sangre un zancudo que algunos jugadores erizos.
No es posible que futbolistas que ganan millones de colones cada mes, y en el Alajuelense hay bastantes, jueguen tan mal al fútbol.
La sociedad civil reclama con hechos vandálicos todos los días las enormes brechas que se han desarrollado en nuestro país entre ricos y pobres; en las calles, el drogadicto asalta y mata, y el muerto de hambre roba para alimentarse.
A los estadios de fútbol asiste de todo, pero con la complacencia, patrocinio y hasta tutoría de sectores dirigenciales, se empezaron a promover estas turbas que por lógicas condiciones socio-económicas, mayoritariamente las forman muchachos marginados de esa sociedad civil hoy rebelados.
El fútbol es pasión; mueve en su práctica aplausos, odios y resentimientos.
Lamentablemente desde el mundial italiano han sido total y absolutamente desproporcionados los fichajes millonarios de los futbolistas, con la calidad de fútbol exhibido. Entre más dinero ganan nuestros consagrados, peor juegan y entonces se refleja en las gradas el mismo enojo y resentimiento que presentan en las calles los adolescentes marginados.
Lo del martes en el fondo fue una grotesca protesta de un grupo de desadaptados, furiosos al mirar en la cancha como una nómina de futbolistas profesionales que, en conjunto, suma una recaudación de salarios millonaria, no pueden, porque muchos no los poseen, poner en práctica los más elementales fundamentos de este juego.