Los impuestos que no conocemos… y que pagamos

Existe una serie de impuestos que pagamos sin saberlo y que el año pasado sumaron a las arcas fiscales unos ¢48 mil millones.
En más de un caso, pueden parecer absurdos y llevar a preguntarse cuál es la justificación lógica para tener que pagarlos, otros en cambio tienen una sólida razón de ser.
Así, Costa Rica posee un impuesto al jabón de tocador tanto de producción nacional como importado, el cual es de ¢0,08 por gramo y que el año pasado recaudó unos ¢2,6 mil millones.
Otro de los tributos que pagamos sin darnos cuenta, es el impuesto a las bebidas sin alcohol, que el año pasado, generó unos ¢36,4 mil millones.
El impuesto es una suma fija que se paga por cada botella y que es de ¢18 para las gaseosas y ¢13 para los jugos e incluso el agua.
Ambos tributos se pagan a nivel del productor; sin embargo, son cargados en los precios que luego se pagan en las tiendas al detalle.
En los cimientos de nuestras casas, hay un impuesto que se oculta en las paredes y es el tributo al cemento, que establece una carga del 5% a la producción nacional.
La mayor parte de lo recaudado por esta imposición se destina a la Municipalidad de Cartago, así como distintas entidades educativas de la provincia.
En los hogares, también aparece el impuesto forestal, que se aplica sobre la madera nacional e importada y cuyo objetivo es conservar los recursos naturales.
Otro impuesto que no solemos tener en cuenta, son los derechos consulares, que se pagan al realizar una serie de trámites como traducciones, legalizaciones o certificados de sobrevivencia, y que recaudaron ¢15,6 mil millones en 2015.
Además, los timbres fiscales son parte de esos impuestos que no solemos considerar por pagarse con monedas; sin embargo, en el acumulado del año pasado alcanzaron la nada despreciable suma de ¢4,9 mil millones.

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