Los equipos, ¿nacen o se hacen?
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Los equipos, ¿nacen o se hacen?

Factores como el alineamiento y el compromiso con los objetivos comunes son las claves para tener equipos de alto rendimiento.
Existen dos tipos de líderes en cuanto a su actitud hacia el personal que contratan. Se trata de dos tendencias claramente diferenciadas, casi opuestas. Algunos gerentes piensan que la responsabilidad, el compromiso y la motivación son cuestión personal que cada cual debía “traer de casa”, es decir, que estas cualidades viene predefinidas cuando se contrata a un colaborador. Por el contrario, otros piensan que su gestión como jefe de equipo potencia o disminuye la motivación que cada trabajador desarrolla después de incorporarse a la organización.


Todo indica a que estos últimos cuentan con motivos evidentes y demostrables para estar en lo cierto. En particular, porque si creemos que la motivación y el potencial individual es una cuestión genética y educación previa, poco queda por hacer. En otras palabras, estaríamos dando por hecho que todo depende de reclutar a las personas adecuadas y, peor aún, que el liderazgo nada influye en un sentido u otro.
De todas la definiciones que existen del término equipo —y las que vendrán—, la que más explica la esencia de un equipo es la de Bonnie Edelstein, experta en liderazgo: “Unas cuantas personas en un ascensor es un grupo. Pero si el ascensor se estropea, el grupo se convertirá en un equipo”. Es una definición muy práctica, directa y dinámica de lo que se puede esperar de un equipo y lo que constituye su esencia: hay un objetivo común. También podemos hacer la definición a la inversa: si falta un objetivo común tenemos simplemente un grupo de empleados.
Muchas veces los gerentes dan por hecho que todos sus empleados comparten los objetivos de la empresa y los planes de crecimiento porque una tarde cualquiera se los han explicado en una pantalla. Y tanto se lo creen que en ocasiones olvidan explicarlos. Pero ese objetivo común no puede ser meramente formal, tiene que basarse en valores, ser compartido. Peor todavía, existen gerentes que piensan en sus colaboradores como enemigos de sus propios objetivos.
Otro elemento básico de la definición de un equipo es el compromiso. Pilar Jericó en su libro “La nueva Gestión del Talento. Construyendo compromiso”, explica que “la verdadera ventaja competitiva proviene de la capacidad de las empresas para atraer y generar compromiso en sus profesionales. El compromiso es posiblemente uno de los aspectos más difíciles de gestionar en las organizaciones, de hecho, no es flor de un día sino que ha de construirse con hechos y generando un entorno adecuado”.
Atraer talento, establecer objetivos comunes y generar compromiso sobre ellos, son la base para construir un equipo de alto rendimiento. A partir de ahí puede que los factores predeterminados jueguen su papel, pero nunca serán más importantes que las capacidades del líder para potenciarlos.


Alejandro Ulloa
Socio-director Cross&Grow
[email protected]


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