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Legado enfermizo

• Lo único que asusta, en esta morbosa saga de terror, es la mentalidad cínica de sus creadores

El juego del miedo 4
(Saw IV)
Dirección: Darren Lynn Bousman. Reparto: Lyriq Bent, Costas Mandylor, Scott Patterson, Tobin Bell. Duración: 1:48. Origen: EE.UU. 2007. Calificación: 1.

Tras un arranque regular, la franquicia de “El juego del miedo” (Saw) degeneró en una necia reiteración de truculencias sin sentido. Aun así, la serie se ha convertido en la principal fuente de ingresos de la productora Lionsgate, que estrena un capítulo cada año para la época de Halloween. Poco importa si el argumento está más que agotado: mientras la gente haga fila para asistir a las funciones, seguirán surgiendo productos malsanos y estandarizados como este.
Aquí se celebra el sufrimiento que ciertos individuos son capaces de infligir al prójimo. Se trata de una respuesta sintomática a la crisis de valores que el mundo vive actualmente, en tiempos de guerras preventivas y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Si los noticiarios se llenan de crueldades más allá de la imaginación, al cine horrorífico no le queda más que ponerse al día, con gran derroche de violencia gratuita, sadismo y sangre al por mayor.
La secuencia inicial es emblemática, ilustrando una autopsia con lujo de detalles. El cadáver le pertenece a un asesino múltiple, conocido como Jigsaw (Rompecabezas). Antes de morir, él se tragó una pequeña grabadora, con sus instrucciones para un plan mortal. Desde el más allá, Jigsaw sigue manipulando a distintas personas, mientras que otros criminales recogen su legado enfermizo.
De manera pedestre, inconexa y caótica, el libreto abarca dos líneas narrativas paralelas. Describe las alucinantes experiencias de un policía, quien tiene 90 minutos para rescatar a dos colegas secuestrados, los cuales enfrentan un destino espantoso. Mientras, un agente interroga a la ex esposa de Jigsaw. Ella revela las razones que hicieron de su marido un monstruo despiadado.
Como en el episodio anterior, el director Darren Lynn Bousman renuncia a cualquier intento de crear suspenso. En cambio, busca entretener con un show macabro y grotesco, basado en la acumulación de tomas chocantes de heridas y mutilaciones. El objetivo no es ni siquiera provocar miedo, sino asco.
De hecho, lo único que asusta aquí es la mentalidad cínica de los autores. Pretenden justificar la utilización de la tortura, mostrando víctimas convertidas en victimarios y empleando recursos deshonestos. A veces, el espectador es impulsado a identificarse con el torturador, aprobando sus acciones, simplemente porque la víctima es un maleante, un violador o alguien que, en todo caso, “merece” su castigo.
Esta actitud indignante, se suma a la ineptitud técnica y a las actuaciones lamentables, para concretar un clásico del mal gusto. “El juego del miedo 4” es un filme triste y desagradable, totalmente privado de cualidades redentoras.

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