Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 9 Noviembre, 2016

Esta disonancia cognitiva del primer mandatario no es inusual en la clase política

Las carreteras se llenan
 

“Si usted hace una carretera, se llena de carros”. Esa declaración del presidente Luis Guillermo Solís aparentemente la hizo para explicar por qué no era importante construir infraestructura. Como jefe de gobierno de una administración ávida de aumentar las entradas a la hacienda pública, se le olvidó que los automóviles y su uso incluyendo impuestos de importación, de venta, de ruedo (anual) de repuestos y seguros, generan casi un 20% de todos los ingresos del Estado. Más bien, si fuera solo por los impuestos que generan, el gobierno haría bien en construir carreteras para que pudiera acomodar más vehículos; si sigue el gobierno en la veda de la construcción podrían los costarricenses dejar de comprar autos y si eso ocurriera quizás no habrá dinero para recibir dignatarios de alta importancia estratégica como el jefe de gobierno de Andorra.

Y si no quieren construir (o quizás no pueden y tendremos que esperar la llegada de un gobierno en 2018 que no está filosóficamente en contra de las concesiones,) que por lo menos arreglen la situación del transporte público y en especial de los autobuses. El sistema autobusero requiere una total reorganización: ¡Está claro!

Esta disonancia cognitiva del primer mandatario no es inusual en la clase política. El gobierno impone fuertes impuestos sobre los cigarrillos y luego usa una pequeña porción de lo recaudado para advertir de los peligros de fumar. Si dejan de fumar los consumidores de cigarrillos, el gobierno tendría que recortar programas y personal, quizás de mucha necesidad.

Bebidas con contenido de alcohol y casinos también se convierten en imanes para los cobradores de impuestos. Se podría cubrir todo el costo de operar la Asamblea Legislativa incluyendo sándwiches suculentos servidos con café y postre con lo que generan solo estos impuestos. Si todos los costarricenses se convirtieran en abstemios y ninguno sintiera atracción por los juegos de azar, habría crisis fiscal de gran envergadura.

A veces a los políticos se les va la mano. Los impuestos a los cigarrillos son tan elevados que por lo menos la mitad del mercado está captado por marcas de contrabando. Nadie se atreve a alzar la voz y argumentar que si recortaran esos impuestos es posible que el fisco recibiría más ingresos.

Lamentablemente la declaración del presidente Solís el 28 de octubre vino más o menos en el mismo periodo cuando también declaró: “¡Yo no pago marchamo, por dicha!” Alguien le tiene que conseguir un asesor que le explique que cuando está en público siempre corre el riesgo de que haya alguien grabando. ¡Y todo lo que él dice es de interés público!

Lo que sí logró hacer con estas dos declaraciones es provocar molestia en los que viajan a diario a sus lugares de trabajo o los centros educativos sin tener el privilegio de la escolta policial y la posibilidad de brincar altos; o sea a todos.

El presidente Solís logró que todos pensemos en él cuando estamos atrapados en las carreteras llenas de autos.

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