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Ilusión en peligro

Carmen Juncos

Uno aprende a disfrutar la ilusión de la Navidad desde niño. Nos lo enseña nuestra cultura. Según las costumbres, en cada país donde se celebra esta fiesta tiene diversas connotaciones, desde la religiosa, que predispone para el amor a Dios y al prójimo, hasta las tradiciones culinarias, el dar y recibir regalos y decorar la casa de modo especial, algo que puede compartir todo el mundo más allá de la religión.
Estamos acostumbrados a que diciembre se viste de gala. El clima y el aroma de estos días tan especiales nos impulsan a vivir un mes diferente al resto del año. Pero esa ilusión, que es un buen regalo para el espíritu, podría estar en peligro porque, como dice el refrán popular “lo poquito gusta y lo mucho cansa”.
Si la colocación de adornos, la publicidad y en general todo lo que rodea al ambiente navideño se inicia en octubre —¡en algunos casos en setiembre!— puede ocurrir que al llegar diciembre ya estemos un poco hartos de todo y deseando que pase para que haya una variante porque resulta que nos han recetado tres o cuatro meses de “Navidad” y eso solo puede restarle encanto.
Tengo una amiga y un amigo que incluso hacen sus compras navideñas en setiembre y principios de octubre aprovechando las ofertas especiales del inventario y cierre del año fiscal. Otros que, al haberse alterado el concepto y la alegría de la reunión familiar navideña por los divorcios y sus consecuencias desagradables, sienten como un agobio la obligación de asistir a más de una celebración, en diferentes casas y puntos de la ciudad, la noche del 24 con la consiguiente remesa de regalos para cada hogar, el de la mamá y el del papá. Algo más estresante aún ahora que los delincuentes asaltan, además de casas, peatones y automóviles a su antojo.
Así las cosas, a veces los jóvenes se reúnen con amigos y deciden irse a la playa para el 24 o a cualquier otro lugar que les permita huir de ese agobio multifamiliar navideño. ¡Todo lo contrario al verdadero espíritu de la Navidad!
A esto se suman ahora otras contradicciones. ¿Cómo podremos entender este año la costumbre de iluminar las calles del centro de la ciudad, los centros comerciales y las casas junto a la campaña en la que nos dicen “apague la luz”?
Creo que podría ser una razón más para crear ambiente navideño solo en los días realmente próximos al 24 y de paso contribuir a salvar la ilusión.

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