Grecia centroamericana
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ANÁLISIS

Déficit fiscal es una bomba de tiempo

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Siguiente gobierno tendrá que lidiar con el problema

En unos cinco años el gobierno podría entrar en un estado de virtual bancarrota, si sigue gastando más de lo que recauda.
La semana pasada, el ministro de Hacienda, Édgar Ayales, confirmó la tesis que LA REPÚBLICA expuso el año pasado, advirtiendo que si no hay un cambio en la política fiscal, enfrentaremos una crisis no muy distinta a la que viven actualmente Grecia y España.
No se sabe si a partir de una nueva administración se pueda acabar con el financiamiento deficitario, ya que el gobierno actual apenas recaba ideas.
Mientras tanto, los déficits siguen acumulándose, con un promedio de un ¢1 billón al año desde 2010, o sea el 5% del valor total de la producción nacional.
De mantener un déficit parecido en los próximos cinco años, enfrentaríamos en 2017 una deuda mayor al 50% del valor del presupuesto nacional.
Conforme crece la deuda, una mayor parte de los gastos anuales del sector público se dedica al pago de intereses a los prestamistas y no a las obras o servicios que el gobierno debe brindar al público.
Durante enero, el pago de intereses por deuda creció un 36% comparado con el monto de 12 meses antes, indicó Ayales.
A la fecha, el pago de esas obligaciones significa una cuarta parte del presupuesto nacional, dadas las altas tasas de interés que se ofrecieron en 2012.
Pero el problema no es nuevo, se conoce desde hace más de una década.
“En mi tiempo como ministro y a pesar de los esfuerzos por contener el gasto, sí estábamos bajo una seria presión. El déficit fue lo que me hizo necesario recurrir al Congreso para aprobar nuevos impuestos”, dijo Jorge Walter Bolaños, ministro de Hacienda en la administración Pacheco, última con superávit.

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Este gobierno acepta que la búsqueda del consenso necesario para ejecutar los cambios no está asegurada, mientras apenas se empieza a hablar seriamente del tema.
Pero tarde o temprano, el país necesitará una solución al problema de los déficits crónicos.
“La solución es una reforma fiscal, el tema de la renta es sumamente árido, pero en ventas no, por esto implementar el impuesto del valor agregado es una buena opción”, dijo Alberto Dent, exministro de Hacienda también del mandato de Pacheco.
“Otra cosa necesaria es sentarse a ver cómo se baja el gasto del gobierno forma importante, eso significa sentarse a pensar que hay que cerrar un montón de instituciones que ya no funcionan, lo que es claro que será muy difícil porque no se tiene la voluntad política para ello”, concluyó Dent.

A raíz de la advertencia de la semana pasada del ministro de Hacienda, Édgar Ayales, de que Costa Rica corre el riesgo de encontrarse en condiciones parecidas a las de Grecia, en caso de no solucionar los problemas de las finanzas públicas, aprovechamos esta oportunidad para publicar una versión actualizada de la nota que divulgó este medio el 20 de agosto, 2012, sobre el mismo tema

La cantidad de dinero, que el gobierno perderá este año, es mayor que el déficit de Grecia, símbolo mundial de la mala administración financiera.
De hecho, el déficit de Costa Rica estimado para este año, expresado como porcentaje del valor de la producción nacional, será casi el doble del de España, otro supuesto ejemplo de las finanzas públicas mal manejadas.
Es cierto que la deuda total del sector público se encuentra en niveles más sanos que en esos países, así como en otros, como Estados Unidos y Reino Unido.
No obstante, la mayoría de las naciones con niveles de deuda mayores al de Costa Rica, está en el proceso de reducir las pérdidas, mientras nosotros vamos en dirección opuesta.
Por ahora, la única forma que el gobierno encuentra para pagar sus cuentas, es la de endeudarse más, lo cual genera dos problemas, primero un alza en las tasas de interés, y segundo, el encarecimiento de la moneda nacional.
Luego, vendrá el conflicto sobre la forma en la cual esta deuda se cancele —que los contribuyentes paguen más, que el gobierno imprima colones, para pagar su deuda, o, idealmente, que el gobierno se haga más eficiente.
Para este año, el déficit del sector público de nuevo será de aproximadamente el 5% del valor de la producción nacional.
En lo que a las consecuencias del endeudamiento se refiere, la creciente demanda del gobierno por el dinero, implica una tendencia al alza en las tasas de interés.
El dinero caro a su vez tiende a causar una desaceleración en la economía, incluido el empleo, dado que las empresas pagan más por sus préstamos, y así cuentan con menos recursos para expandirse.
En tanto el gobierno siga pidiendo colones, el precio de la moneda también incrementa, de modo que será siempre más difícil vender nuestros productos y servicios en el mercado internacional.
Es posible aminorar la tendencia al alza de las tasas, si el Banco Central imprimiera más colones.
Pero en este caso, cada colón valdría menos, así que todos los consumidores perderíamos una porción de nuestro poder adquisitivo, mientras habría un menor retorno en los intereses pagaderos en sus bonos de parte del gobierno a los tenedores, incluida la gente que ha invertido sus pensiones en esos títulos valores.
Otra opción para salir del problema de la deuda es cobrar más impuestos.
Sin embargo, hay bastante resistencia de parte del sector productivo, a entregarle más recursos a un gobierno, que gasta el 80% de sus ingresos en los salarios y beneficios de funcionarios, que a menudo reciben el doble o más de lo que obtienen sus contrapartes en el sector privado.
Lo que queda es la esperanza de que el gobierno y los funcionarios se hagan más eficientes, brindando un mejor servicio al público, a menor costo.
De lo contrario, nos convertiríamos en Costa Grecia.

Carolina Acuña
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Fabio Parreaguirre
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