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Ocho horas deben esperar los furgones cargados de productos en los puestos aduaneros costarricenses, eso si no hay bloqueos o protestas
Fronteras asfixian a exportadores
Unión Aduanera, que agilizaría procesos, se mantiene como un espejismo para los exportadores locales
Comercio con Centroamérica representó el 14% de las exportaciones en 2009


Daniel Chacón
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Cruzar esa línea imaginaria que separa a los países centroamericanos aún representa una tarea afanosa para los empresarios que buscan la expansión en los mercados vecinos; selva comercial donde las reglas pueden cambiar de la noche a la mañana y con la ausencia de un defensor de los derechos empresariales.
Costa Rica exporta más de 3.300 productos a Centroamérica, mientras que a China por ejemplo solo envía 173. Además, el 14% de las exportaciones en 2009 fue a la región.
Con todo y las divergencias políticas, el comercio en los casi 50 años de integración regional no ha dejado de crecer, salvo seis años del periodo de guerras en la región de 1980 a 1986. De 2000 a 2008, el comercio intrarregional pasó de $2.617 millones a $6.487 millones, esta última cifra aún preliminar.
A pesar de la importancia económica que tiene el istmo para el país, salir del territorio nacional es todo un vía crucis.
Llegar a la frontera implica un viaje de al menos ocho horas, en el que los furgones deben esperar media hora en el mejor de los casos, o siete horas cuando hay saturación en los puestos de control locales o nicaragüenses.
En este punto, hay que superar con alguna frecuencia los tradicionales bloqueos originados por manifestantes que demandan eliminar la burocracia aduanera y un enemigo complejo, los controles fitosanitarios.
El aspecto de permisos sanitarios es uno de los más complejos, porque en ocasiones un país los varía unilateralmente, sin comunicar oportunamente a las empresas.
De esta forma, en junio de 2006 Honduras tomó la decisión de bloquear el acceso al pollo; afectando un negocio que en ese momento representaba un ingreso de divisas por $500 mil a los productores costarricenses.
En ese momento se alegó un supuesto brote avícola, el cual no llegó a confirmarse. Esta situación se repite en otros negocios que se han visto afectados por barreras como la mencionada.
Situaciones como estas han generado heridas políticas y comerciales, que se han hecho evidentes en las rondas de negociación cuando alguno de los países debe ceder posturas para facilitar la libertad de comercio.
Todo esto deriva en costos, que encarecen las exportaciones y se reflejan en el gasto en transporte, burocracia, demoras y pérdidas generadas porque la mercadería no logra llegar oportunamente a su destino.
Esto limita a las empresas costarricenses en su afán de expandirse gracias a los mercados vecinos, y quien tome el reto, se expone a padecer gastos por la falta de entendimiento entre las políticas comerciales de los países.

La culpa no se debe buscar únicamente fuera de nuestras fronteras, porque Costa Rica es el país que vende la mayor cuota de su producción a Centroamérica, y no ha encontrado manera eficiente de liderar este proceso pro integración.
“La negativa costarricense de no integrarse a organismos regionales como la Corte Centroamericana u otros instrumentos regionales de orden político, ha creado un clima poco ideal para que Costa Rica pueda liderar de manera abierta una mayor integración en el plano económico. Existen también temas donde los otros países de la región se comprometen a implementar cosas que no cumplen”, lamentó Mario Montero, vicepresidente ejecutivo de la Cámara Costarricense de la Industria Agroalimentaria.
Es por eso que para los empresarios, sí se han dado avances, pero comerciar en la región aún implica costos que no debieran existir; como gastos mayores en transportes por los atrasos fronterizos e incluso detenciones por incumplimiento en los trámites.
“Es importante la claridad en las reglas del juego. Aunque han disminuido en frecuencia, aún se presentan situaciones donde se exigen requisitos que no tienen fundamento en el marco jurídico regional, promoviendo incertidumbre”, afirmó Rogelio Fernández, asesor legal de Dos Pinos.
Incluso, para los empresarios que se dedican al negocio del transporte, aún falta mucho camino por recorrer especialmente en la poca homogeneización de los controles fitosanitarios, aseveró Francisco Quirós, director ejecutivo de la Cámara de Transportistas.
Pero por otra parte, las autoridades defienden que la región es una de las más integradas del mundo, con libre comercio para el 99% de los productos, y armonización arancelaria en un 96% de ellos.
A ello se suman varios proyectos de ley que están en el Congreso, que vendrían a mejorar la facilitación del comercio de bienes y servicios, los cuales prevén la búsqueda de una Unión Aduanera, expresó Amparo Pacheco, viceministra de Comercio Exterior.
La dificultad es que ese tipo de decisiones son lentas, mientras que en otros países pueden avanzar a un ritmo diferente y el país queda excluido de los beneficios.
“Costa Rica es un país con un marco jurídico que nos obliga a avanzar con mayor lentitud en ciertas decisiones. Por ejemplo, para adoptar el Código Aduanero Centroamericano, otros países lo implementan vía decreto, mientras que nosotros debemos ir a la Asamblea”, manifestó Doris Osterlof, ex viceministra de Comercio y especialista en la materia.
Ese retraso es una limitante para el desarrollo económico, por lo cual los líderes debieran considerar una integración comercial con visión práctica, ya que la política no avanza al mismo ritmo, consideró Martha Castillo, vicepresidenta ejecutiva de la Cámara de Industrias.



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