Escándalo de Petrobras en Brasil sacude el sistema
Oficinas centrales de Eletrobras, en Río de Janeiro, Brasil, una de las divisiones de la poderosa Petrobras. Bloomberg/La República
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Cuando su investigación sobre corrupción y sobornos en Petrobras las llevó a los más altos niveles de la compañía petrolera estatal, las autoridades brasileñas supieron que estaban ante algo grande. Pero nadie podía adivinar hasta dónde llegaría el rastro de la corrupción fuera de Petrobras… hasta ahora.

La semana pasada, agentes federales que investigaban la confabulación detuvieron al senador Delcidio do Amaral, aliado clave de la presidenta Dilma Rousseff, junto a André Esteves, el multimillonario y heterodoxo financista que dirigía BTG Pactual, el mayor banco privado de inversión de Latinoamérica. Oferta de coimas, intento de interferir con testimonios y conspiración para ayudar a un delincuente convicto a huir del país son los delitos de los que se los acusa y que no estarían fuera de lugar en una telenovela en horario estelar.
Los brasileños conocen el libreto. El jefe de la mayor empresa constructora del país ya está tras las rejas por presunto fraude contractual y corrupción relacionada con el escándalo de Petrobras. Entre los otros reclusos está un puñado de directivos de empresa e integrantes de grupos de interés que fueron condenados o están siendo juzgados por formar un cartel –un “club VIP”, lo llamó un ejecutivo– para manipular contratos gubernamentales y controlar las políticas públicas.


El economista brasileño Sergio Lazzarini llamó la atención a esta promiscuidad en su libro de 2010 sobre la forma en que los ejecutivos empresariales y sus patrocinadores políticos se habían vuelto interdependientes en una confabulación de larga data para hacerse de poder y privilegios dominando las instituciones públicas y arrinconando al mercado con créditos subsidiados. Lo nuevo es hasta dónde al parecer está dispuesta a ir la camarilla de capitalismo mafioso para permanecer en la cima.
Conforme los fiscales ampliaban las investigaciones sobre la corrupción en Petrobras, los ejecutivos e integrantes de grupos de interés encarcelados empezaron a salpicar a otros funcionarios. Uno de los que hablaron fue Néstor Cervero, ex director de Petrobras sentenciado a doce años de prisión por lavado de dinero y corrupción, a quien presionaron los fiscales para que señalara culpables más importantes a cambio de una reducción de su sentencia.
Cervero era el testigo soñado de un fiscal. La policía sospechaba que había ayudado a Amaral a financiar su campaña política con dinero sucio del gigante petrolero. Y el propio Cervero les había dicho a los investigadores que Esteves supuestamente había pagado sobornos para obtener la concesión de una cadena de estaciones de gasolina.
 

 


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