“Empresas que fomentan la confianza y la empatía no necesitan controlar”: Scarleth Tercero de ManpowerGroup
Liderazgo empático, comunicación y promoción de la salud mental ayudarán a evitar complicaciones
En un contexto donde las dinámicas laborales evolucionan con rapidez y las fronteras entre la vida profesional y personal se difuminan, la llamada “renuncia silenciosa” se ha convertido en uno de los fenómenos contemporáneos en el mundo laboral.
Lejos de ser un simple acto de desmotivación, este comportamiento refleja un cambio profundo en la forma en que las personas gestionan su energía, su compromiso y su bienestar dentro de las organizaciones, a tal punto de aportar el mínimo posible.
Scarleth Tercero Loría, gerente País de ManpowerGroup Costa Rica, señala que las “empresas que fomentan la confianza y la empatía no necesitan controlar” para fomentar la productividad.
¿Cómo definiría usted el fenómeno de la “renuncia silenciosa” y qué lo diferencia de una simple falta de motivación laboral?
La renuncia silenciosa es un retiro discreto del esfuerzo discrecional: la persona cumple lo esencial del puesto, pero deja de aportar energía extra (innovar, proponer, ir “más allá”).
A diferencia de la desmotivación general (que puede ser pasajera), la renuncia silenciosa es sostenida, responde a condiciones del entorno como sobrecarga, falta de reconocimiento, poca claridad de rol o sentido de propósito, mala comunicación y liderazgo, y se normaliza como mecanismo de autocuidado o límite, sin implicar un abandono formal del trabajo.
¿Qué señales debe aprender a identificar un líder o supervisor para detectar a tiempo que un colaborador ha adoptado esta actitud?
Caída del esfuerzo discrecional: menos iniciativa, cero propuestas, evita tareas fuera del mínimo.
Baja colaboración visible: menor participación en reuniones y respuestas tardías.
Calidad y ritmo irregulares: entregables “en lo justo”, evita asumir proyectos retadores.
Desenganche con el desarrollo: deja de asistir a capacitaciones, mentorías o espacios de mejora.
Señales de clima: comentarios negativos, microausentismo o presenteísmo (estar, pero no contribuir).
Es clave mirar tendencias, no episodios aislados, y contrastar con la historia de desempeño del colaborador.
¿Qué tipo de estrategias pueden implementar las empresas para prevenir la renuncia silenciosa sin recurrir a medidas punitivas o de control excesivo?
Se requiere pasar de un modelo de control a uno de confianza, propósito y acompañamiento humano.
No se trata de exigir más productividad, sino de reconstruir el vínculo emocional entre las personas y las organizaciones.
Hay cuatro líneas estratégicas:
Escucha activa y diagnóstico constante: implementar herramientas como pulse surveys, entrevistas de permanencia (stay interviews) y reuniones uno a uno periódicas.
Liderazgo empático y formativo: capacitar a los líderes para que gestionen desde la empatía, el reconocimiento y la retroalimentación constructiva.
Flexibilidad y bienestar integral: ofrecer modelos híbridos, esquemas de desconexión digital y programas de salud mental que reconozcan las nuevas necesidades del talento.
Crecimiento y movilidad interna: invertir en upskilling y reskilling, crear rutas de desarrollo visibles y abrir oportunidades internas para mantener al colaborador desafiado y motivado.
Las empresas que fomentan la autonomía y la confianza —en lugar de la vigilancia o el control— no solo previenen la renuncia silenciosa, sino que fortalecen culturas organizacionales sostenibles y orientadas al propósito.
¿Hasta qué punto la renuncia silenciosa puede verse como una forma de resistencia ante culturas laborales tóxicas o poco empáticas?
Se trata de una respuesta natural ante entornos laborales que no priorizan la salud emocional, la justicia ni la empatía.
En muchos casos, representa una forma de autoprotección y resistencia frente a culturas donde las personas sienten que su bienestar no es una prioridad.
La desconexión suele aparecer cuando las organizaciones mantienen dinámicas poco sostenibles: cargas excesivas, comunicación unidireccional, inequidades salariales, favoritismos o ausencia de reconocimiento.