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Emociones clonadas

• Hay de todo, menos originalidad, en el tercer capítulo de una saga que mezcla terror, aventura y ciencia ficción

Resident Evil 3 – La extinción
(Resident Evil: Extinction)
Dirección: Russell Mulcahy. Reparto: Milla Jovovich, Oded Fehr, Ali Larter, Iain Glen. Duración: 1:35. Origen: EE.UU. 2007. Calificación: 5.

Los productores de la franquicia de “Resident Evil”, tienen una enorme deuda con George A. Romero. El autor de “La noche de los muertos vivientes” (1968), concibió la figura del “zombie” como hoy la conocemos y tuvo una influencia profunda en el cine de terror moderno. Las películas de “Resident Evil” están basadas en un popular videojuego; pero su inspiración indirecta es la obra de Romero, tan escalofriante como cargada de implicaciones metafóricas.
Lo anterior es muy evidente en “Resident Evil 3 - La extinción”. Bajo muchos aspectos, la cinta funciona como un refrito no oficial de “El día de los muertos”, que George A. Romero realizó en 1985. Aquí también, un ejército de zombies caníbales, rodea las instalaciones de un refugio subterráneo, donde un científico trata de domesticar a las agresivas criaturas.
La ambientación en el desierto de Nevada, con visiones de una Las Vegas erosionada por la arena, se remonta al wéstern postapocalíptico “El guerrero de la carretera” (Mad Max 2, 1981). Es decir que hay de todo, menos originalidad, en el nuevo capítulo de esta saga que mezcla terror, aventura y ciencia ficción.
Una vez más, la carismática Milla Jovovich es Alice, bella superviviente en un mundo destrozado por un virus letal. Ella combate la plaga de los zombies y a la vez, evita la persecución de una malvada empresa multinacional.
Como siempre, el argumento presenta un matiz de crítica social, al ilustrar la lógica despiadada de las grandes corporaciones. La denuncia queda en el fondo, dejando la prioridad a la pura y cruda acción espectacular: balaceras, explosiones y matanzas brutales aderezadas con detalles truculentos.
La estructura esquemática responde a un criterio que pertenece al lenguaje de los juegos electrónicos. No hay un desarrollo dramático digno de este nombre: la protagonista simplemente compite con cierto número de enemigos, como un jugador de “playstation” enfrentando diferentes niveles de dificultad.
Los procedimientos no se tornan aburridos, gracias a la dinámica dirección del australiano Russell Mulcahy, el mismo de “Los inmortales” (Highlander, 1986), quien le imprime al relato un ritmo notable. No obstante, la cámara hiperactiva no puede ocultar la mediocridad de un guion que alterna intuiciones válidas (copiadas de otras películas) y situaciones más bien risibles, como el ataque de los cuervos infectados, o el desenlace pirotécnico, tan disparatado que parece salir de una mala producción de superhéroes.
Con sus emociones clonadas, “Resident Evil 3 – La extinción” entretiene, aunque no pasa de ser un simple divertimento macabro, privado de ambiciones.


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