Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 4 Abril, 2013

Dos tercios de los votantes, los del “ninguno”, tienen en sus manos la suerte de los partidos y candidaturas. ¿Cuál personaje, cuál plataforma, cuál discurso los hará salir de su ateneo?



De cal y de arena

El enigmático “ninguno”

Está tan indefinido el ajedrez de la política nacional que hacer precisiones resulta temerario.
No hay partido que pueda alardear de contar con un apoyo determinante ni ha aparecido aspirante presidencial que haga confiadas y triunfalistas cábalas.


Nadie aventura un pronóstico del rumbo que finalmente va a tomar esa gran masa de ciudadanos que no duda en proferir su repudio hacia los partidos y hacia los aspirantes al favor del votante.
Demasiado grande (dos tercios de los encuestados) como para no considerar su trascendencia y para subestimar la indispensable necesidad de auscultar cuáles son sus vocaciones.
Sea que se multiplique o se achique, es un hecho incontrastable que esos dos tercios tienen en sus manos la suerte de los partidos y de las candidaturas sea para impulsarles, para aletargar su presencia o para enterrarles. No se percibe ningún partido con “plena autonomía de vuelo”; tampoco uno solo de los tantos aspirantes a la Presidencia de la República.
Lo evidencian Liberación Nacional (relegado a un asténico sitio) y Johnny Araya (muy distante del imprescindible respaldo del 40% del total de sufragios válidamente emitidos).
No hay margen para precisar vaticinios aunque sí para jugar con posibilidades. La más trascendental es que haya segundas elecciones, una eventualidad que obligaría a definir con perfiles más profundos y precisos al Ing. Araya y a su pensamiento para asegurar resultados y evitar un pavoroso descalabro.
Con o sin segunda ronda, las fichas del ajedrez político se moverán para hacer que se corone o para darle jaque mate. De un lado, los usufructuarios del statu quo del que don Johnny se perfila como abanderado, que harán cuanto sea necesario para salvarle de ese salto al vacío proveyendo los recursos para la subasta de quienes están en la política como “derecho de llave”.
De otro, los que advierten en esa senda del continuismo los graves peligros de una profundización del modelo “priísta” mexicano.
Por ahí no se decantan los del “ninguno”, los desganados ciudadanos, los críticos de los dirigentes y los partidos de vieja factura desacreditados por sus propios hechos, los que demandan un cambio de rumbo por la forma y por el fondo, los que acusan la obsolescencia de nuestras instituciones políticas a los efectos de prestigiar la democracia.
¿Cuál personaje, cuál plataforma, cuál discurso los hará salir de su ateneo? Quizá la errática y desganada marcha del ciudadano por los predios de la política —que está impidiendo a escasos diez meses de las elecciones adelantar qué va a ser de Costa Rica en este cercano mañana— sea la mejor expresión de que la tarea de mayor envergadura que espera al próximo gobernante ande por los predios donde se cultiven los valores.


Álvaro Madrigal