El alcohol acecha a los jóvenes
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Cualquier consumo de licor grande o pequeño es excesivo, para los grupos propensos al alcoholismo

El alcohol acecha a los jóvenes

Costa Rica ocupa el primer lugar de Centroamérica en cuanto a consumo de licor por persona, revela un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Este dato debe llamar la atención, especialmente si se analiza a la luz de otro informe elaborado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en 2010, sobre el alcoholismo en Costa Rica, el cual expone que la edad de inicio en el consumo de bebidas alcohólicas ronda entre 15 y 16 años.

Empezar a beber en edades tempranas aumenta el tiempo de exposición al vicio, por lo que crece la posibilidad de ser víctima de una adicción.
Pese a que en general los costarricenses son bebedores moderados, este es un dato que puede llamar a engaño, porque cualquier consumo grande o pequeño es excesivo, para los grupos propensos al alcoholismo.
Un joven puede recurrir al alcohol porque en él encuentra una manera de calmar su ansiedad, causada por la dificultad para entablar relaciones interpersonales o por baja autoestima. También puede hacerlo porque se le hace fácil conseguir el alcohol, o por deseo de evadir su realidad.
Sin embargo, el estudio de la OMS señala que el tico no tiende a beber por depresión, sino que encuentra en esta práctica una forma de divertirse y compartir con amigos. Esto podría revelarnos que nuestra juventud busca la bebida en gran parte por procurarse aceptación social.
Esto es una señal de alerta para la sociedad y nuestras autoridades. La juventud requiere, además de normas de conducta, cariño y aceptación.
Los encargados de formar y atender a las generaciones emergentes, en el hogar, hospitales, escuelas o iglesias, deben apreciar el aporte que estas dan para la sociedad que vamos proyectando.
Los adultos somos los llamados a estudiar qué causas inducen al joven a sumirse en el alcohol, a abusar de los videojuegos, del cigarro, drogas o cualquier otro tipo de adicción.
Además, el alcohol impide un rendimiento óptimo en el estudio y el trabajo, lo cual ocasiona, en alguna medida, pérdida de recursos a la sociedad o deserción escolar.
El Estado y la familia tienen que ofrecer a las nuevas generaciones paradigmas que les proporcionen una perspectiva más prometedora de la sociedad.
Madres y padres de familia no pueden eludir la responsabilidad que implica el hecho de constituir, ellos, el ambiente directo en el cual es posible gestar soluciones a un problema social tan grave como es el alcoholismo.

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