Es claro que más allá de nuestras preferencias ideológicas o de la nostalgia por el pasado muy lejano, las instituciones, así como la sociedad costarricense, deben de cambiar si es que queremos preservar los valores y los principios que nos han iluminado en nuestra existencia cívica e institucional. No menos importante resulta el hecho de que debemos hacer crecer nuestra economía para vivir todos mejor. Los retos de los próximos años frente a las sequías y al hecho de estar llegando a los límites de la generación hidroeléctrica nos plantean seriamente una definición estratégica nacional de nuestra matriz energética. No debe Costa Rica minimizar ni subestimar la energía solar, la energía geotérmica o cualquier otra fuente que apareciera. Sin energía abundante el país no puede crecer y nuestro nivel de vida no aumentará.
Las instituciones deben ajustarse a los cambios económicos, tecnológicos y a los de su entorno, a las necesidades del país y a las demandas de sus usuarios para responder a los objetivos de su fundación. Las instituciones deben de ser flexibles y adaptarse a los cambios que permanentemente rigen la vida de nuestras sociedades. Costa Rica no existe en función del ICE, éste está en función de Costa Rica y sus habitantes.
Muchas de las objeciones que he leído y escuchado sobre el proyecto de armonización eléctrica me parece que son nacidas del temor, la ignorancia y la desconfianza entre grupos políticos, sociales, sindicales y empresariales del país. Esto viene a demostrar una vez más que pelear, crear polarización, generar desconfianza y descalificar a los adversarios no es el camino para lograr ni la unidad de la familia costarricense ni el entendimiento legislativo necesario para aprobar el proyecto. Pareciera que es inaceptable que se suprima el subsidio que genera el sector productivo para abaratar el consumo energético de los hogares. La justicia social no debe de ser vulnerada, menos en épocas en las que estaremos entrando en una crisis fiscal y social profunda.
Armonización eléctrica no es un proyecto paradigma de perfección. Los grupos deben de focalizarse en los aspectos positivos en los que hay relativo acuerdo y negociar, transformando aquellos en los que existen discrepancias para irlos acercando al consenso. Esto lo han hecho generaciones de parlamentarios hasta aprobar la inmensa mayoría de nuestras leyes. Es claro que el método está probado y es efectivo.
Legislar no es imponer. Legislar no es atropellar. Legislar tampoco es impedir cualquier transformación. Socialdemocracia no es estatización. Socialdemocracia no es proletarización es más bien generación de múltiples emprendedores privados. El parlamento es para dialogar y negociar discrepancias transformándolas en coincidencias.
El ICE ha sobrevivido y opera con gran fuerza en el mercado competitivo de las comunicaciones telefónicas y celulares. El abrir a la inversión privada sectores de la inversión eléctrica solo cosas buenas puede traer al país. El permitir la generación privada de electricidad en Costa Rica y permitir su exportación es ventajoso para todos a partir del ICE mismo y su espíritu de solidaridad social con el que nació y que debemos preservar. Es preferible generar privadamente la energía en el país que comprarla a generadores privados centroamericanos. Es muy positivo generar energía acá para satisfacer necesidades allá en el extranjero. El país va a requerir de inversión muy importante en el futuro cercano en infraestructura rural para atender las necesidades de desarrollo urgentes. El ICE no tiene como enfrentar estas exigencias de nuestras zonas rurales y de polos nuevos de desarrollo. Comprar plantas térmicas para quemar petróleo es contradictorio al espíritu costarricense de ambiente limpio.
Costa Rica necesita producir más y acoger mayor inversión privada. No veo la razón de que no lo hagamos con empresarios costarricenses, aunque la inversión extranjera complementaria es trascendental. Esta inversión vendría a ayudar al ICE a llenar sus áreas de deficiencia o de su imposibilidad de atenderlas. Muchos de los objetivos del proyecto podrían lograrse de manera administrativa. La seguridad jurídica podría lograrse luego de manera plena con la ley.
Encontremos la forma de ponernos de acuerdo. Rechazamos el capitalismo de amigotes. No es asunto de que este proyecto sea para dar negocios a los amigos de los políticos del gobierno actual, pero debemos aceptar que la comunidad empresarial del país aporte, organice y contribuya a la generación, la exportación y el fortalecimiento del sector eléctrico de Costa Rica. Con controles razonables, con transparencia y efectividad debemos propiciar que los objetivos de generar y exportar sean plenamente alcanzados.
Estamos teniendo un déficit de generación limpia. Estamos quemando petróleo para suplir la electricidad necesitada. Sería mucho mejor que fueran las empresas costarricenses de generación limpia las que llenaran el vacío descrito.
El país debe de buscar nuevas formas. No cambiar nos traería desde el pasado la rigidez de formas e instituciones que fueron útiles para la época de nuestra independencia pero que en la actualidad limitarían al país.
Paremos el pleito y trabajemos en el acuerdo por Costa Rica.
Emilio R Bruce Profesor





































