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Desempleo se ensaña con el campo

Rodrigo Díaz rdiaz@larepublica.net | Lunes 24 febrero, 2014

Benito Cordero, pequeño agricultor, reconoce que en ciertas épocas los costos de producción a veces superan el precio de los productos que vende. Por eso, pocas veces contrata peones que le ayuden. Gerson Vargas/La República


Fortalecimiento del agro generaría más trabajos

Desempleo se ensaña con el campo

Leve perspectiva de crecimiento para los próximos dos años


El campo vive horas bajas. Es la zona que presenta mayor retroceso y eso se ve reflejado en los indicadores de pobreza y desempleo.
Fortalecer la producción agropecuaria no solo contribuiría a la seguridad alimentaria del país, sino que brindaría más opciones de empleo a una población con dificultades para enfrentar el cambio del país hacia una economía de servicios.

En los últimos años, el desempeño agrícola mantuvo una tendencia decreciente que se acentuó de marzo a setiembre del año anterior, en que el Índice Mensual de Actividad Agropecuaria mostró cifras negativas.
Y con ello, el desempleo se incrementó hasta alcanzar una pérdida de más de 28 mil trabajos en tres años, denunció Juan Rafael Lizano, presidente de la Cámara Nacional de la Industria y Agricultura, durante un seminario de Ecoanálisis.
Los costos de producción aumentaron mientras los precios de los productos de consumo interno no subieron lo suficiente para compensar, con lo que la actividad tiende a deprimirse y a generar menos trabajos. El año pasado, la actividad agropecuaria tuvo una contracción del 0,5%.
El agricultor Benito Cordero lo vive a diario. Al ser un pequeño propietario de una verdulería tiene la ventaja de que vende parte de lo que siembra.
Pero hay épocas en que aún vendiendo toda la cosecha, no le alcanza para pagar todos los insumos. Y menos contratar peones. Ocasionalmente le ayuda un vecino, pero reconoce que no le alcanza para darle trabajo todos los días.
Una política pública a favor de la producción nacional ayudaría a bajar la tasa de desempleo en la zona rural, la cual es más alta que la media del país, y por ende, bajar la pobreza, que fuera del área urbana es de casi el 30%.
Para reactivar el agro, es necesario que haya estímulo a las familias agrícolas, con el fin de que puedan producir para su subsistencia, y además puedan comercializar el resto de la producción para obtener ingresos.
Estos estímulos no necesariamente implican que se cambie el enfoque que tiene el país hacia una economía de servicios, sino de estimular un sector de la población deprimido, que no tiene ni tendrá la oportunidad de obtener empleo en la economía de servicios.
Muchas de estas personas no tienen el nivel educativo suficiente para realizar otra actividad diferente a la agrícola. Sus oportunidades se reducen porque debieron abandonar la escuela o el colegio para irse a trabajar y ayudar a mantener a sus familias.
Este segmento pertenece a la llamada “generación perdida”, que quedó excluida del sistema educativo por la crisis de los años 80.
“Hay zonas, como en Sarapiquí, donde un importante porcentaje de las personas que buscan trabajo no sabe leer ni escribir. Para ellos será muy difícil el empleo en otras actividades”, apuntó Roxana Morales, directora del Observatorio de Coyuntura Económica y Social de la UNA.
El problema podría ir un poco más allá. Muchas personas están renuentes a trabajar en el campo y se ven atraídas por otras actividades que ofrecen mejor pago, pero que no cuentan con suficientes plazas vacantes.
Entonces, se da la paradoja de que se requieren personas para las cosechas de caña de azúcar, melón, piña y café y debe recurrirse a mano de obra nicaragüense para cubrir el faltante.
También es cierto que muchos de esos empleos se ofrecen en ciertas épocas del año y en otras zonas del país, por lo que la gente tampoco se muestra motivada a dejar su casa y trasladar a su familia por unos meses para luego regresar.
La tasa de desempleo abierto de las personas que viven en la zona rural es del 21% para los sectores que tienen menos ingresos (primer quintil). En promedio, la población de 15 años y más de la zona rural cuenta con menos de seis años de educación, es decir, ni siquiera lograron concluir la educación primaria.
Para este año se espera una leve mejora en el sector agropecuario, con un crecimiento del 2,5%.

Rodrigo Díaz
rdiaz@larepublica.net
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