¿Cuándo una herida deja de ser normal? Hospital Metropolitano acompaña a pacientes con lesiones agudas y crónicas
La Clínica de Heridas es un espacio médico que acompaña a los pacientes cuando la cicatrización deja de ser normal
Vivir con una herida que no sana afecta mucho más que la piel. Impacta la movilidad, el estado emocional y la calidad de vida de quienes conviven con dolor constante.
Para responder a esa realidad, la Clínica de Heridas encontró en el Hospital Metropolitano su nueva casa, un espacio que le permite ampliar la atención sin perder su enfoque humano y especializado.
“Si una herida no mejora, es momento de evaluarla. No es normal vivir semanas o meses con una lesión abierta”, señala la doctora Joyce Barrantes, directora médica de la clínica.
La especialista explica que una herida deja de ser normal cuando se estanca en alguna fase de cicatrización.
“Cuando pasan más de cuatro semanas sin cerrar, ya hablamos de una herida crónica”, advirtió.
Entre los principales signos de alerta menciona aumento del tamaño, calor, cambios en el color, secreciones, mal olor o un aumento del dolor.
“Esos son avisos claros de que algo no va bien”, afirmó.
La doctora Barrantes detalla que muchas heridas no sanan porque la inflamación se prolonga más de lo debido.
En consulta, la clínica atiende casos que llevan años sin resolverse.
“Tengo pacientes con úlceras venosas de hasta 30 años. Aprendieron a vivir con dolor porque nadie evaluó la causa real”, comentó.
Las lesiones más frecuentes incluyen pie diabético, úlceras por problemas de circulación, heridas por presión en personas encamadas y heridas quirúrgicas que no cierran correctamente.
“El manejo avanzado de heridas no es solo curar. Es entender por qué no cicatriza y acompañar al paciente durante todo el proceso”, enfatizó la doctora.
La atención combina evaluación integral, tecnologías especializadas y un equipo multidisciplinario.
Con más de 15 años de experiencia clínica y trayectoria nacional e internacional, la doctora subraya que el objetivo es devolver calidad de vida.
“Queremos que el paciente vuelva a caminar, a dormir sin dolor y a vivir sin miedo”, concluyó.
El traslado al Hospital Metropolitano permite mayor capacidad, atención continua y soporte hospitalario completo, fortaleciendo una clínica que ya venía cambiando vidas.