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Creatividad desenfrenada

• El director mexicano Guillermo del Toro demuestra una vez más su desbordante talento visual

Hellboy II: El ejército dorado
(Hellboy II: The Golden Army)
Dirección: Guillermo del Toro. Reparto: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, James Dodd. Duración: 2.00. Origen: EE.UU. 2008. Calificación: 8.

La grandeza de un cineasta se mide también por su capacidad de imponer una visión personal, en proyectos elaborados según criterios industriales. El director mexicano Guillermo del Toro vuelve a trabajar en Hollywood, filmando la secuela de “Hellboy”, que él mismo había realizado en 2004. Se trata de una cinta netamente comercial: la segunda entrega de una saga de acción y fantasía, basada en una popular revista de cómics. No obstante, en cada encuadre se nota claramente la mano de su brillante autor.
Desde su debut con la siniestra “Cronos” (1993), hasta su obra maestra “El laberinto del fauno” (2006), Del Toro ha estado dejando su propio sello en los anales del cine fantástico. En “Hellboy II: El ejército dorado”, él demuestra una vez más su desbordante talento visual, convirtiendo una simple aventura de superhéroes en una gran oportunidad para explotar su creatividad desenfrenada.
No se debe minimizar el aporte del artista gráfico Mike Mignola, quien creó la figura de Hellboy en 1993 y participó en la producción, como coguionista y asesor. Sin embargo, es Del Toro, con su estilo inconfundible, quien le imprime al relato una extraordinaria fuerza imaginativa y un dinamismo arrollador.
Aunque recorta sus cachos, en un vano intento por pasar inadvertido, Hellboy es un demonio renegado, de piel roja y físico corpulento, quien defiende a la humanidad de las fuerzas del mal. Trabaja para una organización gubernamental clandestina: el Buró de Investigación y Defensa Paranormal.
Entre sus colegas, sobresalen su novia Liz Sherman, capaz de crear fuego a su antojo; y Abe Sapien, un ser anfibio con poderes telepáticos. Al grupo se une Johann Krauss, místico agente alemán hecho de ectoplasma. Todos colaboran para detener al malvado príncipe Nuada, quien rompió la milenaria tregua existente entre humanos y criaturas mitológicas.
Aunque se desarrolla según esquemas tradicionales del género fantástico, la trama nunca deja de cautivar, ni siquiera en sus momentos reiterativos. Ello se debe a la fusión de distintos factores: excelencia técnica, estupefaciente diseño de personajes y unos cuantos giros inesperados. Por ejemplo, cuando el héroe enfrenta a un monstruo gigantesco en las calles de Manhattan, el desenlace es impredecible, tocante y hasta poético: hay que ver para creer.
Cabe señalar también un oportuno manejo del humor y —¿por qué no?— del sentimiento, lo cual se sustenta en actuaciones confiadas y siempre puntuales. Difícilmente se le podría pedir más a un entretenimiento masivo de verano.
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