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Recorte de inversión en infraestructura sobresale como yerro capital de los gobiernos costarricenses
Costa Rica comete pecados que la atan al subdesarrollo

• 21 expertos identificaron 12 errores que deben evitar las economías emergentes
• Nueve analistas locales ayudaron a determinar en cuáles equivocaciones incurre Costa Rica

Eduardo Baldares
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Costa Rica comete siete pecados capitales que la condenan al subdesarrollo.
A esta conclusión llegó LA REPUBLICA tras evaluar punto por punto, con la ayuda de nueve analistas, las “12 malas ideas” para economías emergentes que elaboraron 21 expertos en políticas públicas —entre ellos los ganadores del Premio Nobel en Economía Michael Spence y Robert Solow— bajo el amparo del Banco Mundial, la Fundación William y Flora Hewlett y los gobiernos de Australia, Suecia, Holanda y Reino Unido.
En otros dos aspectos el país es “aprobado” y en los tres restantes no hubo consenso, por lo cual ante la duda se declaró “aplazado”, etiqueta que no le concede la aprobación ni lo contrario.
En lugar de dedicarse a teorizar sobre recetas para el crecimiento, este grupo se dedicó a estudiar con detalle a los 13 países del planeta que entre 1950 y la actualidad han estado al menos 25 años consecutivos creciendo a una media anual del 7%: Botsuana, Brasil, China, Hong Kong, Indonesia, Japón, Corea del Sur, Malasia, Malta, Omán, Singapur, Taiwán y Tailandia, a los que podrían sumarse India y Vietnam, que llevan 15 años consecutivos de fuerte crecimiento.
El resultado final del ejercicio es una mezcla de recomendaciones, desde las absolutamente liberales hasta posiciones izquierdistas. El mercado, la movilidad laboral, la globalización económica son esenciales para lograr el crecimiento, según esta comisión, pero también se estableció como primordial que ese crecimiento sea inclusivo, la extensión de la educación, acabar con la desigualdad de géneros, la seguridad económica, el buen gobierno, etcétera.
En el caso costarricense, los dos “pecados” que no se están cometiendo son los de visualizar al Estado como un empleador en casos de emergencia —falla en la que sí habría incurrido, principalmente en la década de 1970—, así como la imposición de controles de precios como mecanismo para frenar la inflación.
En otros tres aspectos hubo choque de posiciones antagónicamente encontradas, por lo que se deja al criterio del lector si el país incurre o no en estas equivocaciones: proteger sectores productivos, industrias, empresas o empleos específicos; tener una pobre regulación bancaria; contar con un cuestionable sistema para determinar el tipo de cambio.
Finalmente, en los siete restantes Costa Rica al parecer “peca”, condenándose al subdesarrollo.

* Colaboró con esta información Víctor Sanabria


1. Subsidiar energía.
Es mala idea subsidiar los precios de la energía, exceptuando aquellos muy limitados que apunten a sectores específicos y vulnerables de la población.
Los economistas Carlos Arguedas y Mariano Segura adversan los subsidios. “Por ejemplo, aquí se subsidia o subsidió la tarifa del agua en zonas rurales, pero en esos lugares hay piscinas privadas (de familias de alto ingreso o de complejos turísticos), por lo que al final se auxilia a un sector de alto ingreso”, afirmó Arguedas. Para el ex regulador Leonel Fonseca “una libra de arroz no vale ni cuesta igual para un pobre que para un rico”…, lo mismo para un kilovatio hora, combustible, etcétera”.


2. Estado empleador.
Es un error enfrentar el desempleo generando puestos de trabajo en el gobierno y considerando al Estado como un empleador de “emergencia”.
El Estado no puede ser un empleador potencial para combatir el desempleo, porque los planes gubernamentales siguen criterios políticos y distan de la asignación óptima de recursos, se compromete la disciplina fiscal “y el caso de Costa Rica en las décadas de 1970 y 1980 fue claro”, opina Carlos Arguedas, economista, ante lo que su colega Mariano Segura afirma que “en estos casos es más conveniente tratar de implementar seguros de desempleo”. El país cometió ese error, pero ya cambió de rumbo.


3. Ahorrar en infraestructura.
No se debe recortar la inversión en infraestructura como manera de reducir el gasto fiscal, sin considerar que estos capitales dan grandes frutos en el largo plazo.
Este es el pecado capital de los gobiernos costarricenses, y se evidencia en los huecos de las calles atiborradas de vehículos, en los puentes en mal estado, en el rezagado aeropuerto Juan Santamaría y un sinnúmero de etcéteras. “El gasto en infraestructura es fundamental; por lo tanto, la función es generar un círculo virtuoso en esta área y potenciar mecanismos modernos para lograr niveles óptimos de infraestructura, por ejemplo, mediante concesión pública”, aportó Carlos Arguedas, profesor de la UNA.


4. Proteger sectores.
Es una mala idea proteger a sectores productivos, industrias, empresas o empleos específicos. En caso de que sea necesario el apoyo deberá ser por un periodo limitado y sin generar dependencia del subsidio.
Un ejemplo reciente es el pretendido traslado de impuestos a la gasolina para quitárselos al diésel, lo que favorecería a los transportistas, pero como no se ha dado, no hay consenso sobre si el país incurre o no en este “pecado”. Arguedas estima que en el pasado reciente sí se dio con los llamados Certificados de Abono Tributario. “La protección es una decisión política encubierta por un argumento económico”, comentó Juan Muñoz, de Central American Money Market Brokers.


5. Controles de precios.
No se deben imponer controles de precios para frenar la inflación, la cual es mejor enfrentar con otras herramientas de política macroeconómica.
Para Muñoz cualquier control de precios con el objetivo de contener la presión inflacionaria es un artilugio que tarde o temprano llevará a desabastecimiento en el mercado o al contrabando, ante lo que el ex regulador Leonel Fonseca arguyó que “el Estado ya no debe ser operador, pero sí debe ser un regulador fuerte, capaz y sobre todo honesto, y mantener los servicios públicos básicos que la empresa privada no puede ni quiere desarrollar por no ser la “posta” del mercado.


6. Prohibir exportaciones.
Es inconveniente prohibir las exportaciones por periodos prolongados para mantener los precios domésticos bajos, beneficiando a consumidores a costa de los productores.
A lo mejor no se ha dado una orden directa de “paren las exportaciones”, pero ciertamente en la década de 1980 se cambió el modelo productivo del país, irónicamente por “recomendación” de entidades como el Fondo Monetario Internacional y el mismo Banco Mundial. Como resultado, “importamos la mayoría del arroz, frijoles y maíz que consumimos, y generamos usando combustibles en la peor crisis de los precios del petróleo, pudiendo haberlo hecho con recursos energéticos propios”, analiza Fonseca.


7. Ignorar ambiente.
Es un error ignorar las exigencias medioambientales en las primeras etapas de desarrollo con la excusa de que es un “lujo inalcanzable”.
Guanacaste es un claro ejemplo de abuso; se están desatando “guerras por el agua”, pues los suelos no dan para soportar el crecimiento al que han sido sometidos como producto del denominado boom inmobiliario. “Muy pronto podría colapsar por falta de agua, poniendo en peligro las mismas inversiones hechas en la zona, lo cual es un contrasentido”, sostuvieron Rolando Castro y Gabriela Cuadrado, del Programa Gestión Integrada del Recurso Hídrico.


8. Medir educación por cantidad.
Es una mala idea medir el progreso de la educación solo por indicadores tales como número de establecimientos construidos o matrículas, en vez de enfocarse en los contenidos de la enseñanza y su calidad.
Las posibilidades de atracción de inversión extranjera se están cerrando, porque la mano de obra calificada tocó “techo”, tanto en el área numérico-tecnológica como en el manejo de idiomas. Aunque el Ministerio de Educación intenta transformar la primaria desde la perspectiva del pensamiento científico, para ver resultados “hay que esperar muchos años”, reconoció la viceministra Alejandrina Mata. El problema real es que de tres de cada diez estudiantes obtienen el bachillerato.


9. Subinvertir en urbanización.
No se debe subinvertir en urbanización y, como consecuencia, en infraestructura urbana.
Después de cuatro años de investigaciones el proyecto Planificación Regional y Urbana de la Gran Area Metropolitana (Prugam) constató científicamente lo que se vive de forma empírica: San José compite con las ciudades más feas y desordenadas del continente. “A partir de ahora todos los desarrollos urbanísticos, viales y comerciales deben considerar un esquema de sostenibilidad, proceso que conlleva convencer a los sectores”, aseguró Eduardo Brenes, director de Prugam.


10. Estado mala paga.
No es recomendable pagar bajos sueldos a los empleados públicos (incluidos profesores) en comparación con los sueldos que el mercado pagaría a personas con las mismas habilidades.
El subdesarrollo de los sitios web estatales —poco transparentes y desactualizados— es un claro ejemplo, pues evidencia la incapacidad del gobierno para reclutar el talento profesional que necesita para avanzar en su digitalización. “Es un recurso humano especializado que es escaso y caro. Hoy por hoy no veo al Servicio Civil en capacidad de competir con las empresas de infocomunicaciones por atraer gente de este campo”, comentó Juan Carlos Barahona, investigador del INCAE.



11. Pobre regulación bancaria.
No se debe tener una pobre regulación del sistema bancario, combinado con un control directo excesivo.
La quiebra y desaparición el Banco Anglo en 1994 obligó a una reforma de los mecanismos de regulación, lo que ha desatado comentarios favorables y desfavorables, de manera que el país estaría en un punto intermedio. Mientras Muñoz dice que la regulación financiera debe tecnificarse para hacerla “más efectiva y menos controladora”, Fonseca habla de “catástrofe de los fondos de inversión de hace unos pocos años y la conversión de la banca estatal en banca privada y no de desarrollo”.


12. Flojo tipo de cambio.
Permitir que el tipo de cambio se aprecie excesivamente antes que la economía alcance niveles de productividad mayor.
Nuevo choque de criterios. Hay quienes defienden el sistema de bandas actual, por considerarlo relativamente flexible, otros proponen dolarizar la economía y no faltan quienes preferirían regresar al sistema de las minidevaluaciones, que es un mecanismo más rígido. “Si el tipo de cambio se apreciara antes de que la productividad aumente, sería señal de que otros shocks de carácter financiero están tomando lugar en la economía y eventualmente se podría pensar en una intervención para sostener la paridad cambiaria”, aportó Juan Muñoz.
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