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Gobierno espera que arranque de obras en vía a Caldera dé confianza al país sobre modelo de contratación
Concesiones se juegan último chance

• Carreteras, puerto, aeropuerto y tren rápido se gestionarán mediante esa figura

• Fracaso de algún nuevo proyecto bajo este modelo, podría ser el entierro del esquema, según Gobierno

Danny Canales
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El modelo de concesión de obra pública para desarrollar la infraestructura nacional se jugará una nueva oportunidad para tratar de convencer a los costarricenses de su efectividad.
Para este año, se tiene previsto el relanzamiento de esa figura con una agenda que incluirá al menos cinco proyectos.
Con ese ambicioso reto el Gobierno buscará poner fin a los diez años de muchos fracasos y pocos logros que ha mostrado el esquema.
Para cumplir ese reto, en el Gobierno prometen hacer su mejor esfuerzo pues reconocen que el fracaso de otra concesión podría ser el final de ese modelo.
La concesión es una figura que permite a la empresa privada construir proyectos públicos que el Estado no tiene capacidad de realizar.
Para recuperar la inversión aportada, la figura permite entregarle la operación del proyecto, por un tiempo determinado, a la compañía contratada.
No obstante que en 2008 ese modelo cumple diez años, hasta ahora solo una obra gestionada por concesión está en marcha.
Se trata de la modernización del puerto de Caldera, la cual arrancó en agosto de 2006.
Por su parte, el Gobierno aspira a arrancar con la construcción de la carretera a Caldera en los primeros días de enero.
Ya la obra fue refrendada, tiene los recursos garantizados y recibió la orden de inicio.
“Esperamos que el comienzo de las obras devuelva la confianza al país sobre la concesión”, afirmó Luis Diego Vargas, viceministro de Concesiones.
El desafío del Gobierno para este año es dar vida a cinco nuevos proyectos de infraestructura gestionados por concesión.
La agenda incluye la ampliación de dos caminos y la construcción de un tren rápido metropolitano, un aeropuerto y un puerto.
La ampliación de la vía hacia San Ramón es el primer proyecto de la nueva agenda que aspira a poner en marcha el gobierno. Se espera ver obras en el primer trimestre.
La misión es ampliar a ocho carriles la ruta entre la Agencia Datsun, en la Sabana, y el aeropuerto Juan Santamaría.
Otra obra, a la que se le dará prioridad, es la construcción de una terminal de pasajeros en el aeropuerto de Liberia para reducir la congestión.
“Esperamos concluir el concurso y dar la orden de inicio de las obras en el transcurso de este año”, detalló Vargas.
La concesión plantea la construcción de una sala de espera de vuelos con capacidad para 1.500 pasajeros.
Por su parte, para el segundo semestre se sacará a concurso la ampliación de la vía a Cartago, la instalación de un tren en la capital y la modernización de los puertos caribeños.
“El propósito es dejar muy avanzados esos tres procesos para dar la orden de inicio de obras en 2009”, dijo el Viceministro de Concesiones.
De cumplirse esa meta, se pondría fin a tres décadas de estancamiento en el desarrollo de proyectos de infraestructura en el país.
La concesión se creó en la década anterior como una solución a la escasez de dinero que tenía el Estado para invertir en mejoras en la red vial, puertos y aeropuertos.
Sin embargo, hasta ahora no ha logrado cumplir el propósito de contribuir con la competitividad del país.
Para corregir los defectos del modelo, el Gobierno remitió a la Asamblea Legislativa una reforma a la ley hace más de tres años, pero aún no se ha aprobado.
“Seguiremos insistiendo para que los diputados aprueben la ley, la cual haría más ágil el proceso de concesión”, explicó Vargas.
Los yerros que muestra la ley que rige las concesiones ha provocado el fracaso de cuatro proyectos.
Además los únicos dos proyectos que han logrado avanzar, han tardado más de seis años en trámites.
Entre las obras truncadas está la ampliación de la vía Bernardo Soto, que fue abandonada por la empresa mexicana Marhnos, contratista del proyecto, por problemas financieros.
Además naufragó la concesión de una terminal para cruceros y otra para el almacenaje de atún —ambas en el Pacífico— pues ninguna empresa se interesó en la obra
Otro paso en falso fue la concesión del sistema ferroviario, por la misma razón anterior: nadie quiso participar.
Asimismo la concesión para modernizar el puerto de Caldera, que es la única que camina, debió sortear una serie de trabas burocráticas que extendió el proceso seis años.
Algo similar enfrenta el proceso para construir la carretera a Caldera, el cual está por cumplir siete años en trámites y aún no se ha iniciado.
Para el sector productivo es hora de que se atiendan los problemas que enfrenta el modelo de concesión para ver si se concluye la añeja agenda de infraestructura.
“El atraso en la ampliación de las carreteras, puertos y aeropuertos ha aumentado los costos de producción”, objetó Rafael Carrillo, presidente de la Unión de Cámaras.
El empresario justificó que las presas viales y el aumento del precio del petróleo han disparado el costo de los fletes.
Los transportistas también reclaman la necesidad de mejores carreteras.
“Cada vez hay más carros y es poca la inversión que se ha hecho para reducir la congestión”, dijo Javier Reina, presidente de la Cámara de Transportistas de Carga.


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